Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Archivo de Octubre de 2011

Niños

Jueves, 20 de Octubre de 2011

niños

Hoy las noticias hablaban de niños. Mal asunto. Cuando las noticias hablan de niños, siempre son malas. Un niño y una niña llevan días desaparecidos. Sobrecoge pensarlo. ¿Un secuestro? ¿Un crimen? En el segundo caso, ¿podría estar implicado algún miembro de su familia? Repugna pensarlo. Solo se habla en los medios de comunicación de los niños para esto. ¡Qué tristeza! ¡Qué poca vergüenza!

Los niños como tales, como seres humanos, interesan poco –he estado a punto de escribir “nada”– a la sociedad. Que se ocupen de ellos sus padres y sus maestros. Y punto. Pero si surge una de esas noticias truculentas con niño de por medio, los periódicos, los noticiarios de las emisoras de radio, los telediarios, las tertulias, habrán encontrado un filón. La piedra filosofal del siglo XXI. Oro a raudales. Para eso valen los niños en esta sociedad: para vender truculencias a su pesar y, por supuesto, para comprar. Ese es otro tema. El niño como consumidor, exclusivamente. El niño que compre o que haga comprar a sus padres cualquier cosa, por innecesaria que sea. Ya se encargará la publicidad de crearle la necesidad bombardeándolo sin piedad.

¡Qué tristeza! Porque los niños no se dan cuenta de cómo los utilizan, de cómo los manipulan, de cómo les crean necesidades, de cómo les roban la infancia y la dignidad. Maestras y maestros, seguid luchando siempre por los pisoteados derechos de los niños, sí, por esos derechos que se tienen enmarcados en todas partes, pero que tan poco se respetan. Algunos escritores también hacemos lo que podemos.

Cuando empecé a escribir este comentario pensaba hablar de mi último libro, “Mateo y el saco sin fondo”, que en cierto modo trata de todo esto; pero se me han quitado las ganas.

Elogio de la lentitud

Viernes, 7 de Octubre de 2011

elogio de la lentitud
Me encuentro a menudo jóvenes aspirantes a escritores, algunos jovencísimos. Me piden consejos, como si yo pudiera dárselos. Muchos me preguntan por la escritura en sí, por sus intríngulis, porque piensan que existe una especie de fórmula mágica, que solo poseemos los escritores, y que ponemos en práctica a la hora de escribir un libro. Pero es frecuente, por desgracia, que a lo largo de la conversación el aspirante a escritor, sin poder disimular su preocupación, te pregunte sin más: “¿Qué tengo que hacer para publicar mi libro? ¿Adónde tengo que ir, por quién debo preguntar? ¿Qué editorial paga más dinero?” No me invento ninguna pregunta.

En este mundo de prisas absurdas, de correr para no llegar a ninguna parte, es difícil que un aspirante a escritor viva ajeno a ello. Pero si hay algo que daña irremediablemente a la literatura –y al arte en general– son las prisas. Escribir, necesariamente, tiene que ser un proceso lento, a veces lentísimo, que por supuesto tendrá mucho que ver con el carácter del propio escritor. Hay que meditar cada página. Hay que pensar cada párrafo, Hay que reescribir cada línea. Hay que discutir con cada palabra. Y así, poco a poco, ir avanzando. A veces a trompicones, dando marcha atrás y tomando nuevo impulso.

El otro día, viendo un partido de fútbol, el locutor dijo: “Este futbolista es muy bueno, pero muy lento”. ¿Qué preferimos calidad o rapidez? En el mundo del fútbol evidentemente lo que todo el mundo prefiere es que el futbolista meta goles. Y creo que eso mismo es trasladable a muchas cosas de la vida que llevamos en estos tiempos. Pero si hay algo claro, es que eso no sirve para la literatura. En literatura solo se meten goles con la calidad. E incluso, para disfrutar de un buen gol a veces tienen que pasar muchos años. Y seguramente, en la vida -en la auténtica, no en la artifial- también.