Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Me voy a Damasco

Damasco
Hace unos meses me invitaron a dar una conferencia en el Instituto Cervantes de Damasco. El día se acerca y por eso viajaré en unas fechas en las que no me gusta nada viajar: agosto. Pero creo que el viaje va a merecer la pena. Me apetece mucho hablar de literatura infantil y juvenil en una ciudad milenaria y mágica, como Damasco. ¿Encontraré alguien allí interesado por lo que se escribe para niños y jóvenes en nuestro país? La experiencia me dice que sí, que habrá personas que me escucharán con atención e interés y que incluso me harán preguntan para saber más. Ocurre así, aunque te vayas a la Cochinchina, y eso, por supuesto, agrada y reconforta.

Y como tendré tiempo libre, será un placer añadido sentirme inmerso en una ciudad como Damasco, simplemente. Caminar por la ciudad vieja, descubrir sus edificios singulares, los infinitos rincones del entramado de sus callejas y pensar: “Sí, estoy aquí.” Eso será más que suficiente. Pero, además, habrá otras cosas que me enriquecerán. Los que me invitan a estos lugares piensan que yo puedo enseñarles algo. ¡Ilusos! La única verdad es que esos lugares -como ahora Damasco- me enseñan a mí y hacen que mi vida tenga un poco más de sentido y gracia.

Me gusta hablar de los lugares que visito después del viaje. Así lo he hecho otras veces en este blog. Antes del comentario del blog solía reseñarlo en el apartado “noticias” de mi página web. Pero mi página web está siendo “bombardea” no sé por quién ni para qué; pero el caso es que lleva tiempo maltrecha y sin funcionar correctamente. Como el blog sobrevive -por ahora- me he refugiado en él para comentar y también para anunciar. Pero a la vuelta podemos seguir hablando de Damasco.

2 comentarios sobre “Me voy a Damasco”

  1. Srta. Julia dijo:

    Buen viaje.
    Te esperamos a la vuelta, con ganas, para que nos descubras un poco más de esa ciudad tan diferente a las nuestras.

  2. Almezzer dijo:

    Srta. Julia, a mi regreso de Damasco la primera sensación que puedo transmitir es que deseo volver, a la ciudad y al país entero. Eso sí, procuraré que no sea en pleno verano, pues el calor allí era asfixiante (a veces por encima de 45ºC). Es una de esas ciudades donde hay que dejarse “tragar” y perderse por un entramado de calles y callejas que comunican un barrio con otro en medio de un aparente laberinto, y de pronto casi chocarte con un monumento grandioso, como la impresionante mezquita de los Omeyas, o con un zoco en ebullición constante, o con un bazar de especias, multicolor y oloroso. Damasco es una de esas ciudades viva, muy viva. Es fácil escuchar su pálpito, los latidos que marcan el ritmo de su existencia. Es un cruce de culturas desde hace miles de años, culturas de dentro y de fuera del Islam. De mayoría sunita (con una población cristina importante y hasta con un barrio judio) es punto clave de peregrinación para los chiítas.

    Gracias a Teresa, Ricardo, Hussam y Fairud, que hicieron más agradable mi viaje. Gracias a las personas que acudieron a escuchar mi conferencia en el Instituto Cervantes de la ciudad (precioso, por cierto), a pesar del agobiante calor.

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