Biblioteca Valenciana

Lo que veis en la foto, mirones, y aunque os parezca mentira, es una biblioteca. Es la Biblioteca Valenciana, un lugar sobre todo dedicado a la investigación, que guarda infinidad de libros y documentos relacionados con la Comunidad Valenciana. En lenguaje coloquial, lo primero que se me ocurre decir es que es “una pasada”. Desde luego, merece una visita.
Es muy interesante seguir los pasos que se han producido en este lugar hasta llegar a lo que es hoy en día. Los árabes levantaron una alquería, de la que quedan restos. La verdad es que hoy cuesta un poco imaginarse los patios llenos de puercos gruñendo y hozando por el barro. Después, la alquería dio paso a un convento y a una iglesia, así que los frailes (cistercienses, primero; jerónimos, después) sustituyeron a los cerdos, o quizá cohabitaron con ellos. La iglesia se desacralizó en el siglo XIX y se convirtió en cárcel. Después de la guerra civil de 1936 la cárcel se utilizó sobre todo para encerrar a represaliados políticos. La historia termina con una restauranción profunda, que descubre el precioso claustro del siglo XVIII y pinturas originales, y que en 1985 convierte al conjunto de edificios en biblioteca.
Más que una historia he hecho un esquema, una sinópsis (algo muy propio de escritores). Es una sinopsis para uno de esos cuentos en los que pasan muchas cosas, algunas terribles, pero que acaba bien. Una biblioteca siempre es un final feliz.
Ayer estuve allí con cuatrocientos cincuenta chicos/as de Secundaria. Todos juntos en la iglesia inmensa, que se ha convertido en salón de actos. Fue entrañable y cálido, además de tumultuoso. Todo el conjunto de edificios lucía de manera especial, altanero y orgulloso. Las piedras, las baldosas, las tejas, la argamasa… han encontrado al fin su verdadero sentido. Gracias, Víctor y Soledad, por regalarme un día tan especial. Además, el día tuvo su guinda por la tarde, a cuarenta kilómetros, en Carlet; pero eso merecería otra entrada en este blog.



6 de Mayo, 2010 - 18:41
muy interesante alfredo, en el proximo viaje iremos a visitarla.
6 de Mayo, 2010 - 20:09
Qué hermoso templo de las letras.
10 de Mayo, 2010 - 10:44
A pesar de vivir en Valencia, nunca he estado en la biblioteca Valenciana. La he visto de lejos, de pasada en el tranvía,… y como para no ver ese mostrenco! es un edificio enorme y además al estar en medio de lo poquito de huerta que queda en
Alboraya es imposible que pase desapercibido.
Iré a visitarlo si se puede visitar siendo personaje de “a pie” si no hay que pedir algún permiso especial o algo así…o hay que ser un vip.
Me gusta que haya quedado tan bonita después de la restauración extrema, en la que han mandado al carajo cualquier reminiscencia de la guerra civil. Eso es muy valenciano, les encanta eliminar lo reflexivo para dejar sólo lo estético. Estaría bien plantearse hasta qué punto uno puede llevar a cabo una restauración por su cuenta y eliminar qué cosas.
de todas formas, y aunque quede muy lejos de mi casa, iré a visitarla, sobretodo porque además creo que una pequeña -muuuuuuuuuuuy pequeña- parte del edificio se ha dedicado a museo -museito- calcográfico.
Tiene usted que venir más por Valencia, señor. un saludo.
16 de Mayo, 2010 - 20:52
Nos han entrado ganas de visitarla, ¡cómo! y de pasar allí alojados un finde, por entre sus pasillos y corredores y claustro y oliendo a libro viejo… pero creo que no nos dejarán y menos aún si pido descuento por familia numerosa. Pero sí, un nuevo viaje a Valencia e intentaremos la visita.
Pero ¿tuviste un encuentro con tantos chicos a la vez? Eso también me parece una pasada… ¿Cómo fue ese encuentro magno?
17 de Mayo, 2010 - 20:44
Leo con agrado los comentarios a mi comentario y, sobre todo, compruebo que ha suscitado ganas de hacer una visita a la Biblioteca Valenciana. ¡Pues qué bien! Me encantaría saber que una biblioteca es capaz de provocar un viaje. Si muchos libros han provocado viajes, ¿por qué no iban a hacerlo las bibliotecas?
Últimamente he estado en algunas bibliotecas estupendas, en todos los sentidos: la de Grado, en Asturias, con un espacio mágico para la poesía; la de Torre Pacheco, en Murcia, un edificio moderno que parece estar emergiendo de las entrañas de la tierra; la de Tuy, inmensa… Pero, por favor, que a ninguna agencia de viajes se le ocurra promocionar “la ruta de las bibliotecas”.
17 de Mayo, 2010 - 20:49
Reyes, sí, cuatrocientos cincuenta chicos/as de Secundaria, de primero a cuarto. Como fue en la antigua iglesia, yo debía de parecer un cura renegado en el altar mayor. La pena es que no hubiese púlpito.