Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Archivo de Mayo de 2010

Lugares que no existen

Miércoles, 19 de Mayo de 2010

carabanchel
Mi familia materna procede de Canals, un pueblo de Valencia. Desde niño escuché a mi abuela, a mis tíos, a mi madre, hablar de ese pueblo. Yo no había estado nunca allí, pero al hilo de sus relatos me lo imaginaba perfectamente. Era un pueblo pequeño, donde casi todo el mundo vivía del campo, de la huerta. Mi abuela hablaba de animales domésticos, de cosechas y hasta de una tartana para desplazarse por los caminos. La fiesta de San Antón -con hoguera incluida- era un acontecimiento para toda la familia, a pesar de que hacía ya mucho tiempo que se había asentado en Madrid.

Hace doce o quince años (ya no lo recuerdo bien) estuve por primera y única vez en Canals. En vano busqué las imágenes que mi mente había ido fabricando. Ni rastro de ellas. Entonces comprendí que el pueblo del que hablaban mi abuela, mis tíos, mi madre, ya no existía. Solo quedaban de él algunos jirones en la memoria de algunas personas.

Toda mi familia paterna vivió siempre en Carabanchel, incluso mucho antes de que el lugar se convirtiese en un distrito de Madrid. Es posible que viviesen allí incluso cuando Juan Mieg pintó en 1818 el cuadro que ilustra este comentario. Yo nací también en Carabanchel y he vivido allí durante muchos años. Cuando vuelvo al barrio me doy cuenta de que el Carabanchel de mi infancia tampoco existe, desapareció durante los años sesenta y setenta aplastado por la especulación inmobiliara y el crecimiento incontrolado y desaforado de Madrid.

Me doy cuenta de que pertenezco a lugares que ya no existen. No queda ni rastro de ellos. Ni de los paisajes ni del paisanaje. Me dan un poco de envidia las personas que regresan a los lugares del pasado y los encuentran intactos, pues en cierto modo esos lugares nos conforman y nos dan sentido en el presente. Pero, sinceramente, cada día me preocupa menos no encontrar ni siquiera el rastro de mis raíces. Eso me convierte en ciudadano de ninguna parte y, por consiguiente, de todas. ¿Quién dijo eso de los árboles tienen raíces y los hombres pies?

Biblioteca Valenciana

Jueves, 6 de Mayo de 2010

biblioteca valenciana
Lo que veis en la foto, mirones, y aunque os parezca mentira, es una biblioteca. Es la Biblioteca Valenciana, un lugar sobre todo dedicado a la investigación, que guarda infinidad de libros y documentos relacionados con la Comunidad Valenciana. En lenguaje coloquial, lo primero que se me ocurre decir es que es “una pasada”. Desde luego, merece una visita.

Es muy interesante seguir los pasos que se han producido en este lugar hasta llegar a lo que es hoy en día. Los árabes levantaron una alquería, de la que quedan restos. La verdad es que hoy cuesta un poco imaginarse los patios llenos de puercos gruñendo y hozando por el barro. Después, la alquería dio paso a un convento y a una iglesia, así que los frailes (cistercienses, primero; jerónimos, después) sustituyeron a los cerdos, o quizá cohabitaron con ellos. La iglesia se desacralizó en el siglo XIX y se convirtió en cárcel. Después de la guerra civil de 1936 la cárcel se utilizó sobre todo para encerrar a represaliados políticos. La historia termina con una restauranción profunda, que descubre el precioso claustro del siglo XVIII y pinturas originales, y que en 1985 convierte al conjunto de edificios en biblioteca.

Más que una historia he hecho un esquema, una sinópsis (algo muy propio de escritores). Es una sinopsis para uno de esos cuentos en los que pasan muchas cosas, algunas terribles, pero que acaba bien. Una biblioteca siempre es un final feliz.

Ayer estuve allí con cuatrocientos cincuenta chicos/as de Secundaria. Todos juntos en la iglesia inmensa, que se ha convertido en salón de actos. Fue entrañable y cálido, además de tumultuoso. Todo el conjunto de edificios lucía de manera especial, altanero y orgulloso. Las piedras, las baldosas, las tejas, la argamasa… han encontrado al fin su verdadero sentido. Gracias, Víctor y Soledad, por regalarme un día tan especial. Además, el día tuvo su guinda por la tarde, a cuarenta kilómetros, en Carlet; pero eso merecería otra entrada en este blog.

¿Quedan mirones?

Jueves, 6 de Mayo de 2010

mirones
Soy consciente de que he sido (y soy) un bloguero desastroso, pues mi blog permanece en silencio, adormecido, ajeno, “olvidado y cubierto de polvo”. Mi agenda, demasiado llena de actividades, me ha impedido prestarle más atención; pero además durante las últimas semanas (meses, más bien) se ha sumado un contratiempo bastante desagradable: ¡virus!. Sí, mi ordenador tenía virus. Después de ardua tarea, creo que al fin este trasto informático se ha curado; pero la enfermedad fue grave y el diagnóstico impreciso. Fue una mezcla de ulceración seborreica con urticaria de tercer grado y perforación aguda y taquicárdica, necrotizante y amiotrófica, complicada con brotes quísticos inesperados y fagocitarios de índole agresivo-convulsivo con sudoración agreste e incolora, con espasmos, contraccines y retortijones varios. Sí, un verdadero desastre.

Me pregunto si le quedarán mirones a este blog. Seguro que no. Pero no me rendiré al desaliento y volveré a la carga. Eso sí, con la caja de penicilina sobre la mesa, por si se repiten los síntomas.