Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Buen chico

cañada real

No voy a decir su nombre, ni siquiera voy a escribir sus iniciales. Tiene once o doce años y es el mayor de siete hermanos. Vive en un barrio marginal de Madrid, de los más duros y sonrojantes que pespuntean el cinturón urbano. Su padre entra y sale de la cárcel desde que tiene uso de razón, incluso antes (cuando yo lo conocí estaba dentro). Va a un colegio con un grupo de compañeros y compañeras de la misma zona. Un microbús los lleva y los trae todos los días. En el colegio (las aulas, los patios, la bilbioteca, el gimnasio, el comedor…) es uno más y pasa desapercibido. “Es buen alumno y buen chico”, me dijo una profesora. Había leído uno de mis libros: “Barro de Medellín”, como el resto de su clase. En el coloquio que tuve con ellos me preguntó que por qué el niño protagonista del libro pensaba que acabaría siendo ladrón. Yo le hablé del barrio de Medellín donde vivía ese niño, duro y pobre, sin darme cuenta de que él estaba pensando en el suyo. A la salida, me alcanzó y se me quedó mirando un instante, luego intercambiamos estas palabras:
-Quería decirte una cosa.
-Dímela.
-Tu libro me ha gusta mucho, pero mucho.
-Me alegra saberlo.
-Y quería decirte otra cosa: escribe más libros como este, por favor.
Y se marchó porque si continuaba hablando conmigo perdería el microbús que debía llevarle de vuelta a su barrio de Madrid, a su barrio sonrojante y mísero, a su casa con olor a leche y pises, a sus incertidumbres, a sus miedos infantiles, a sus carencias y también a sus sueños. La miseria y la injusticia son iguales en todo el planeta.
Cada vez que pienso en ese chico (en ese “buen chico”), en su mirada, en su voz, tengo que tragar saliva.

7 comentarios sobre “Buen chico”

  1. gloria dijo:

    bueno, tb en el primer mundo desarrollado tenemos miseria. Pero ese muchacho parece despierto, eso nos da un atisbo de esperanza. gloria

  2. Srta. Julia dijo:

    Desde que me comentaste este hecho, no he podido dejar de pensar en ese “buen chico” y en si al final alguien le tenderá la mano para mostrarle que puede haber otra realidad de la que le ha tocado vivir. Como siempre, la sociedad y nuestros representantes miran hacia otro lado.

    Seguramente tu libro, con todos los sentimientos y emociones que le hayan removido por dentro -y tu presencia “real” para él, haya supuesto un atisbo de esperanza, de sueños, de ilusiones… que pueden ser llevadas a cabo.

    (Me emociona, hasta puntos insospechados, lo que eres capaz de causar en las personas)

  3. Almezzer dijo:

    Gloria, yo creo que la miseria del primer mundo es todavía peor. No en sentido real, por supuesto, pero sí en sentido ético. Es…, como decirlo, especialmente vergonzante. La del Tercer Mundo es sencillamente terrible.

  4. Almezzer dijo:

    Srta. Julia, no sé lo que soy capaz de causar en las personas. Posiblemente casi nada (y hasta podríamos quitar el casi). Solo puedo decir que a mí me emocionó conocerlo, seguramente más que al contrario.

  5. Srta. Julia dijo:

    Siento discrepar. A mí me causas muchos estados emocionales y psicofisiológicos cuando recorro las páginas de tus libros.

    Estoy segura que no soy la única.

  6. jg dijo:

    Vernos “retratados” en los libros es una experiencia increíble. Al escritor que lo consigue te acaba uniendo algo especial, un espacio exclusivo que parece conocer solo el escritor y el lector.
    Te pueden gustar libros, pero si además te sientes identificado en algunos, para qué quieres más. Son como aquellas canciones que “hablan de mí”.
    Me imagino que al buen chico le pasaría algo similar.

  7. Marian dijo:

    La primera vez que leí “barro de Medellín”,me quedé impregnada de toda esa carga de emotividad y ternura que se desprende de cada una de sus páginas.
    Y ahora,al leer tu comentario he experimentado una sensación muy parecida.
    Solo una persona con una senbibilidad especial podría haber escrito un libro así y un comentario como éste.
    Por eso,no es de extrañar, que a este “buen chico”,su lectura le haya podido provocar un respingo interior y una necesidad de encontrar respuestas.Una lástima que,una vez más,la necesidad le privase de un ratito más con la persona que le había despertado esos sentimientos,esas inquietudes..
    Confío en que la vida me dé muchas oportunidades de “tragar saliva”.

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