Pásame otra gamba
El sábado día 19 publiqué en el suplemento cultural del diario El País -Babelia- un artículo titulado “Pásame otra gamba”. Cuando me invitaron a colaborar en ese número me ofrecieron un espacio concreto, que no se podía sobrepasar, y libertad para escribir sobre lo que yo quisiera. Aunque pasaron varias ideas por mi cabeza, mi opción final fue reivindicar algo en lo que siempre he creído: la literatura infantil y juvenil. Este “Falso Diario”, como de costumbre, llega tarde, pues el artículo en cuestión ya anda saltando de blog en blog.
En La Vía Láctea, de Luis Buñuel, dos peregrinos hacen un alto en el Camino de Santiago para comer. De repente, uno le pregunta al otro: “¿Crees en la existencia de Dios?”. El compañero, como si tal cosa, responde: “Pásame otra gamba”. Cuando hablo de literatura infantil y juvenil (LIJ) siento en muchas ocasiones unas ganas enormes de repetir esa frase. ¡Pásame otra gamba! ¿Es la LIJ una literatura “de segunda”? ¡Pásame otra gamba! ¿Tiene menos calidad literaria que la “de adultos”? ¡Pásame otra gamba! ¿Hay muchos libros malos de LIJ? ¡Pásame otra gamba! ¿Se rebaja un escritor cuando escribe LIJ? ¡Pásame otra gamba! Etcétera. Hace un año y pico recibí un premio literario. En el acto de entrega hubo princesa, ministro y muchas autoridades. Todos tomaron la palabra y, curiosamente, el ministro del ramo, en su turno, se limitó a cuestionar la existencia de la LIJ con ese argumento archisabido de que sólo hay libros buenos y malos. Pero, ¿quién lo duda? ¡Pásame otra gamba, ministro! Pronto me entregarán el Premio Nacional de LIJ, que acabo de ganar, y espero que nadie, en los discursos oficiales, repita los mismos tópicos. A sesudos intelectuales les he oído decir -para repudiar indirectamente la LIJ, por supuesto- que se iniciaron en la lectura a los cinco o seis años con la Ilíada, la Odisea, o las obras completas de Shakespeare. Me alegro por ellos y por su precocidad, pero les aseguro que se han perdido libros maravillosos, que ya nunca se van a atrever a recuperar -aunque sí a denostar-. Y no voy a caer en la tentación de citar ahora esos libros clásicos de la LIJ, ya convertidos en estandarte. Me refiero a esos, por supuesto, pero también a otros muchos, menos conocidos. Escribir literatura infantil y juvenil es elegir una de las opciones más mágicas y creativas que puede tomar un adulto que siente la llamada de las letras; es recrear con total libertad el mundo infinito y complejo de los niños y de los jóvenes, un mundo que debería interesar también y de manera especial a los adultos; es aplicar los cinco sentidos a la obra literaria; es rigor absoluto para levantar un sólido puente de palabras que una el universo del que escribe con el universo del que lee; es pasión, amor, dolor, incertidumbre, gozo, duda, curiosidad, trabajo… En este punto alguien podría añadir que todo eso también lo siente el que escribe “para adultos”. ¡Pásame otra gamba! Todo cabe en la literatura infantil y juvenil, y todo cabe de mil maneras distintas. Del derecho y del revés, desde fuera y desde dentro, con lógica o sin sentido, con risa o con llanto, con los ojos abiertos o con los ojos cerrados… Un escritor puede expresar todo lo que lleva dentro aunque escriba para niños y jóvenes. Sueños, frustraciones, alegrías, pesadillas. Todo. Y quizá, en ese intento por conseguir simplemente que los niños y los jóvenes le entiendan, él mismo podrá entenderse mejor. Escribir para niños y para jóvenes nos lleva a explorar los maravillosos y complicadísimos caminos de la sencillez desnuda, que nunca es simpleza. La concisión. La brevedad. La palabra precisa y adecuada. Eso es Cervantes. “Llaneza, muchacho”. No estaría mal que todos los escritores hiciesen una incursión en la LIJ. ¡Aprenderían tanto! Es mucho más fácil la retórica. Es mucho más fácil perderse deliberadamente en el laberinto, sabedores de que el Minotauro ya está muerto, e ignorar el atajo luminoso. La literatura infantil y juvenil es ese atajo, el camino que nos lleva directamente. Y en el fondo la literatura es solo eso: el hilo misterioso y clarividente de Ariadna.



23 de Diciembre, 2009 - 22:07
Lo leí el sábado. Me gustó mucho. Mi opinión al respecto es la siguiente: No creo que se deba comparar tipos de literatura si es para menospreciar a alguna de ellas, o para ensalzar a una en detrimento de otra. La literatura es algo importante por sí misma. Y será bella si está bien escrita, si lo que cuenta gusta a quien lo lee, (teniendo en cuenta que los gustos pueden variar de unas personas a otras), y si se produce una conexión entre escritor y lector, no sólo de palabras…
Me encanta leer y leo de todo; al tener tres hijos he leído mucha LIJ y he disfrutado de lo lindo, riendo y llorando con sus libros. Tambien con la literatura de adultos. He leído libros de adultos que no me han gustado nada. Tambien libros de LIJ.
También creo que escribir para niños y jóvenes encierra una gran responsabilidad y muchos dotes de imaginación, porque me parece un colectivo muy exigente, porque estamos creando o no, futuros lectores, porque los libros compiten con un entorno (al que de ningún modo trato de rechazar) lleno de mandos a distancia, ordenadores, videojuegos, aparatos electrónicos… realmente atractivos.
Quien escribe para niños y jóvenes, conecta con ellos, y consigue que sean lectores a los que les cueste apagar la luz por la noche porque no pueden dejar de leer el libro que tienen entre manos, es quien hace Literatura, gran Literatura. Conozco a alguno y alguna que hace todo esto.
24 de Diciembre, 2009 - 11:20
Reyes, cuando hablamos de literatura infantil y juvenil estamos de acuerdo en todo. Solo voy a introducir un pequeño matiz. Hablas al final de tu comentario del escritor que “conecta con ellos” (los niños). Evidentemente, conectar con ellos ya encierra un mérito. Pero la cuestión es conectar con ellos con buena literatura. Esa es la cuestión y el reto permanente. Con mala literatura es mucho más fácil conectar con ellos, o al menos con la mayoría de ellos.
24 de Diciembre, 2009 - 16:06
Personalmente la literatura infantil y juvenil me parece tan o más importante que la literatura de “adultos”. Al menos desde mi propia experiencia, he de decir que la época de mi vida en la que más he leído ha sido precisamente en mi infancia y adolescencia. Todos los libros que he leído en esa época me han hecho ser como soy hoy. De ahí su importancia. Contribuyen de una forma u otra a formar a la persona. A lo mejor parece exagerado, pero al menos yo lo siento así. Hay tantos libros de literatura infantil y juvenil que a mí me han marcado…. Uno de ellos, sin ir más lejos, fue Pupila de Águila. Lo devoré. Recuerdo que estuve leyendo hasta las 3 de la mañana en mi cama, con 13 años, para terminarlo, lloré con Martina y con Igor, y al final, casi podía sentir el olor a galletas. Así que a mí me parece que sobra la pregunta de si la LIJ es una literatura de segunda o de menos calidad. La respuesta es indudable: Rotundamente NO.
24 de Diciembre, 2009 - 18:15
María, solo gracias en nombre de “Pupila de águila”. Siento que tuvieras que trasnochar tanto.
27 de Diciembre, 2009 - 13:08
Querido Alfredo, yo ya tengo una edad y al principio distinguia la LITERATURA(con mayúsculas) y la literatura infantil y juvenil. Gracias a los niños de mi alrededor que luego se nan convertido en jóvenes he leido bastante literatura infantil y juvenil he descubierto que existen como en todos los géneros LITERATURA (CON MAYÚSCULA)de adulto, juvenil e infantil y otras literaturas.
Considero LITERATURA(con mayúsculas)la que es buena en la forma en que esté escrita, el contenido y lo que mueve en mi.
He de decirte que siempre me han gustado tus libros, unos más que otros claro, pero creo que “La casa de verano” y los últimos como “Noche de alacranes” y “Barro de Medellín” son mejores para mi gusto; con lo que han sido merecidísimos tus premios.
Pero no te lo creas y sigue empezando cada día como si nunca te hubiesen premiado, y no hagas caso de lo que digan, aunque creo que lo haces.
Quien critica lo que desconoce no tiene fiabilidad.
27 de Diciembre, 2009 - 20:03
Alia, sigo al pie de la letra tu recomendación final. En el momento de escribir de nada sirven premios ni reconocimientos. Y si alguien los tiene presente sobre su mesa de escritorio, malo. Recuerdo una frase de Federico Fellini: “Tengo la suerte de trabajar en algo que haría de todos modos, aunque no me pagaran.”
29 de Diciembre, 2009 - 14:35
me gusta tu determinación y firmeza al creer en lo que haces.
29 de Diciembre, 2009 - 23:49
Los libros con los que disfruté más son de LIJ:
El maravilloso viaje de Nils Holgersson
El mago de Oz,
Ivanhoe,
Las aventuras de Tomas Sawyer,
La isla del tesoro,
El vampirillo,
muchos de Fernando Lalana (es un “máquina”)…
Ah, y también me lo he pasado bien con Balzac, Stendhal, Galdós…
29 de Diciembre, 2009 - 23:58
Se me olvidaba: millones de niños empezamos a leer con Mortadelo, Carpanta, Zipi y Zape, Benito Boniato, Gordito Relleno, Hugh el Troglodita, el Profesor Tragacanto, las Hermanas Gilda. ¡Cómo los echo de menos!
Literatura buena, buena. Me acuerdo uno que decía en historieta de Sir Tim O’ Theo: “Oh, me siento fenecer”. Lo que nos reímos con eso; aprendías un montón de vocabulario con los tebeos.
¡Viva los TEBEOS! ¡Cómics! ¡Chistes! Como quieras llamarlos.
30 de Diciembre, 2009 - 19:26
Gloria, creo que cuando se van acumulando años la gente va tomando dos actitudes ante la vida (por supuesto, estoy generalizando, lo que siempre es peligroso): hay personas que se aferran a sus creencias y las convierten en inamovibles, porque quizá necesiten una certeza para sentirse seguras; otras personas se vuelven escépticas y se cuestionan hasta su propia existencia. Yo, cada día me alineo un poco más con los segundos. Pero es cierto que me quedan dos o tres cosas -o hasta cuatro- por las que luchar. Ellas han dado, dan y darán sentido a mi vida. Pero… ¡caramba! a mí también me gusta tu determinación y tu firmeza, querida prejubilada.
30 de Diciembre, 2009 - 19:33
Yo he merendado muchas tardes en persona con el Capitán Trueno. Recuerdo sobre todo una ocasión en la que me pidió permiso para utilizar mi cuarto de baño. Cuando salió, alivado, compartimos mi bocadillo de chocolate. Creo que le gustó. La mancha permaneció imborrable sobre su rostro. Años después lo conté todo en un libro. Sin nostalgia. Nunca practico ejercicios de nostalgia, prefiero montar en bicicleta por la Casa de Campo.
31 de Diciembre, 2009 - 22:40
Es verdad, yo me alegré cuando le pusieron color al Guerrero del antifaz (aunque luego se lo quitaron otra vez, yo se lo puse con mantequilla y chorizo). Los niños somos así.
Un saludo. Feliz años. Paz y salud.
20 de Febrero, 2010 - 8:59
De pequeños transmití a mis hijos mi pasión por la lectura siendo la más pesada (aún lo soy) visitante de bibliotecas. Tardando una eternidad en escoger los libros que les llevaría y dedicándoles todo el tiempo necesario para que me explicasen qué les contaban en los libros.
Creo que es lo mejor que puede hacer por ellos un padre o una madre que quiera de verdad a sus hijos, les estás dando un alimento tan necesario como la misma comida. Los libros alimentan el espíritu y cimientan la conciencia, es un viaje paralelo al de escritor; una vez que comienzas en ello todo es aprendizaje y superación.
Esta navidad mi hija escogió el Clan de la loba de Maite Carranza, se leyó toda la trilogía. Y está terminando de leer Inseparables para siempre de Care Santos, a Care se la traje yo a casa porque ella estaba en el instituto.
Y es cierto lo que dice Reyes, me cuesta apagar la luz porque no quiere despedirse de esas historias. Ese creo que será mi gran triunfo como madre, haber hecho que amen la palabra escrita tanto como yo.