Tirar la toalla

Esta misma tarde, charlando con una editoria y, a pesar de ello, amiga, me preguntaba si habría existido algún boxeador que, encontrándose en clara situación de ganar un combate y sin ningún motivo excepcional que lo aconsejase, hubiese tirado la toalla. Es decir, rendirse cuando se está venciendo.
Por supuesto, este acto no implicaría un menosprecio del rival, ni lo contrario, una valoración excesiva. En realidad, el rival no contaría en la decisión. Tirar la toalla sería el colofón del combate que el pugil mantiene consigo mismo. Una parte del boxeador se impone a la otra y le hace abandonar. Es una lucha distinta, callada, íntima, sin mamporros, sin cejas rotas, sin labios sangrantes… Es una lucha que tiene más que ver con los escalofríos de la conciencia, con la nebulosa de la certidumbre. Es proclamar en voz alta: he llegado hasta aquí y me importa un bledo ganar. Me bajo del cuadrilátero y me tienen sin cuidado los abucheos del público. ¡El público! ¡Qué coartada perfecta!
Escribir y boxear, a simple vista, no tienen nada que ver. Es cierto que la literatura se ha ocupado a menudo del boxeo, no al contrario. Pero en el fondo escribir también es boxear contra uno mismo. Y nuestros propios golpes suelen ser tan dolorosos como los ajenos, o más. Por ese motivo, un escritor también puede tirar la toalla, aunque en la cartulina de los jueces vaya ganando el combate. Pero, en definitiva, ¿qué entienden los jueces de boxeo? Y peor aun, ¿qué entienden de literatura?



26 de Junio, 2009 - 21:39
Al leer tus palabras, me han venido al recuerdo otras que leí no hace tanto. Decían así:
” … Este hombre ya no puede arrojar la toalla y permanecerá en el centro del cuatrilátero hasta que un golpe certero, de la propia vida o de la muerte, lo tire patas arriba. Mientras tanto, un puñado de personajes bullen en su cabeza, todos ellos desean saltar cuanto antes al papel. El hombre, el escritor, les facilitará como siempre el camino.”
Sí, podría ponerme a comparar la vida con ese cuadrilátero; dscribir los derechazos duros que nos da de vez en cuando; e, incluso, sentirme identificada… pero en cambio, prefiero quedarme con las sensaciones que me producen ambas lecturas
28 de Junio, 2009 - 12:06
Srta. Julia, ni recordaba ese texto que citas. Escribir tiene estas cosas, que cuando menos te lo esperas alguien te recuerda unas palabras que escribiste en algún momento de tu vida. Sí, entran un poco en contradicción con la entrada del blog. Es algo que suele ocurrir especialmente a los seres contradictorios.
28 de Junio, 2009 - 21:06
A veces, los “mirones” tenemos estas cosas.
1 de Julio, 2009 - 13:14
Sé que no tiene que ver, pero a mí me vienen a la mente los alpinistas que se quedan a solo unos metros de la cumbre y tienen que dar la vuelta sin pisarla, por motivos técnicos o de supervivencia. Eso es lo contrario a tirar la toalla. O lo de la Antártida, con la expedición de Scott, que llegó solo unos días después que la de Amundsen. Es mejor eso a tirar la toalla.
10 de Julio, 2009 - 12:18
Stefi, no tiene nada que ver, o sí. Pero me gusta tu comentario. En realidad, daría pie para una nueva entrada: llegar a rozar con la yema de los dedos la meta tan ansiada y no conseguir atraparla. ¡Que faena! Tiene que ver con un cierto destino trágico del ser humano. Tirar la toalla, rendirse -sobre todo cuando en apariencia no tienes motivos para hacerlo- tiene otro sentido. Es más… literario.
29 de Enero, 2010 - 20:30
Alfredo, permíteme que te tutee, he colgado estas palabras en mi blog:
“…escribir también es boxear contra uno mismo. Y nuestros propios golpes suelen ser tan dolorosos como los ajenos, o más”
Hoy me definen.
Un beso