Maruja

Hace veinte años existían en Castilla-La Mancha los Centros Coordinadores de Bibliotecas. Cada provincia tenía el suyo. Creo que visité todos, algunos muchas veces. Si tuviera que quedarme con dos, elegiría los de Ciudad Real y Albacete. Y si me obligasen a selecionar uno solo, no lo dudaría: Albacete.
Creo que los políticos que los impulsaron nunca fueron conscientes de lo que acababan de poner en marcha, pues de lo contrario esos mismos políticos nunca se los hubiesen cargado de un plumazo unos años después. Las bibliotecas -y con ellas- los libros -y con ellos- los escritores, llegaron a los rincones más alejados y abandonados de cada provincia. Nunca he visto nacer una red de bibliotecas con tanta fecundidad y con tanta ilusión. La tela de araña se tejía con renglones llenos de letras, de ideas, de sentimientos, de experiencias… Y todos se dejaban envolver por el arrullo mágico y comprometido de las palabras.
Y detrás de todo aquello, por supuesto, había personas, sobre todo mujeres. Mujeres inteligentes, ilusionadas, entregadas…, que nunca miraban el reloj cuando estaban trabajando, porque en el trabajo estaban descubriendo una razón de ser y una manera de crecer. Me consta que hasta pasaron noches en vela colocando los libros en las estanterías para que la biblioteca pudiera ser inaugurada al día siguiente. Me consta tambien que, en alguna ocasión, hasta recibieron la visita de la guardia civil, extrañada de que en horas tan intempestivas las luces de la biblioteca estuvieran encendidas.
¿Por qué se tiran proyectos tan hermosos a la basura? ¿Por qué se prescinde de personas tan valiosas y tan generosas? ¿Por qué se empeñan en meter a la cultura en contenedores de colores para reciclarla?
Maruja, yo no quiero felicitarte solo por tu cumpleaños. Sigo visitando a menudo bibliotecas de la provinvia de Albacete, algunas en pueblos remotos y casi perdidos, y compruebo que son de las más activas y dinámicas de España. Entonces no puedo evitar acordarme de ti, de tu equipo, y de todo lo que fuiste sembrando. Siguen en pie los edificios, con sus estantes llenos de libros; siguen en pie las ilusiones. Las raíces son hondas y muy sólidas. Por eso, mi felicitación es doble. Cincuenta besos.



12 de Junio, 2009 - 18:42
Querido Alfredo: es difícil encontrar las palabras adecuadas para agradecerte las tuyas, llenas de tanto cariño y amistad hacía las personas que formábamos aquel ilusionante proyecto que fue el Centro Coordinador de Bibliotecas en Albacete. Leyendo tu reflexión me he emocionado y me han venido a la memoria momentos únicos e irrepetibles que nos formaron como personas y como profesionales; aquella etapa estaba, además, tocada por el barniz de los pocos años y por la época que nos tocó en la que casi todo estaba por hacer.
Gracias también por todos los piropos que, si me permites, resumo en un “¡Nenas, vosotras valéis mucho!”; la “Jefa de la Banda” es la que sigue valiendo mucho, las demás sólo la seguíamos.
Me siguen gustando las bibliotecas y el trabajo tan importante que se realiza en ellas como centros vivos y casi únicos de difusión cultural en muchos pueblos de nuestra provincia. Si personas como tú sigue visitándolas y viendo en ellas el espíritu con el trabajamos, entonces, todo hay que darlo por bien empleado.
De nuevo muchas gracias.
14 de Junio, 2009 - 17:16
¡Ufff, Tamarán, Tamarán! No me gustaía entrar en ese bobalicón díálogo de… “Nenas, valéis mucho”, “gracias”, “de nada”, “de verdad que gracias”, “de verdad que de nada”, etc. Lo que escribí solo fue una evocación y, por supuesto, un recuerdo y una felicitación (que venía al pelo). A tus palabras, por tanto, solo añadiré otra pequeñísima reflexión: ¡qué importante es trabajar en algo que nos haga crecer! En Albacete crecimos todos y lo bueno es que aprendimos a hacerlo, por eso -a pesar de todos los pesares- seguimos y seguiremos haciéndolo siempre.
15 de Junio, 2009 - 17:13
¡Qué suerte poder contar con esas bibliotecas! Sobre todo si quien ha impulsado los proyectos para hacerlas posibles, eran personas cargadas de ilusión y creatividad. También me parece una suerte, que de vez en cuando se cuele en una de ellas un monstruo, que lejos de asustar… inspire tanta ternura. feliz verano a todos los monstruos que habitan en bibliotecas.
15 de Junio, 2009 - 22:06
Pues sí, Reyes, el monstruo monstruoso normal y corriente sin nombre, más conocido por el monstruo de Albacete, empezó a cobrar forma y sentido en una de estas bibliotecas, un día por supuesto muy caluroso. Hoy, ya ves, sigue vivo y dando guerra. Y es que todo lo que se plantó entonces sigue vivo, muy vivo.
17 de Junio, 2009 - 8:17
Me encuentro en un momento de mi vida en el que no sé si ir a izquierda o derecha, que doy pasos de ciego buscando mi camino… y por eso me ha encantado leer no sólo tu bonita dedicatoria y felicitación, sino también cómo alguien encuentra su sitio, su pasión, y tiene la suerte de convertirla en su oficio.
Ojalá algún día yo pueda decir lo mismo.
Mis felicitaciones para Maruja.
20 de Junio, 2009 - 13:34
Ha llegado a mis manos este escrito de José Luis Sampedro y ma ha parecico bien ponerlo aquí. Espero que os guste.
POR EL PLACER DE LA LECTURA :
Escrito y firmado por José Luis Sampedro, escritor.
Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante.. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus ‘clientes’ éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.
Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia.. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administració n intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.
Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo..
Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque:
a) obtiene algo a cambio.
b) es objeto de una sanción.
Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?
Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderá n menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.
Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.
¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!
José Luis Sampedro
24 de Junio, 2009 - 8:41
Rizos, ¡qué dilema! ¿Hacia dónde tirar? Ya me he convencido de que esa pregunta acompaña siempre al ser humano (o al menos a algunos seres humanos). ¿A la izquierda, a la derecha…? Yo, en tu lugar, seguiría de frente: la cabeza alta y la mirada oteando ese horizonte que se irá aclarando a medida que te acerques a él.
24 de Junio, 2009 - 8:43
Reyes, ya conocía el texto de Sampedro. Yo también he firmado varias veces en contra del préstamo de pago en la bibliotecas. Pero después de lo que dice el maestro, yo no añado ni una coma.