Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Archivo de Junio de 2009

Tirar la toalla

Viernes, 26 de Junio de 2009

boxeo

Esta misma tarde, charlando con una editoria y, a pesar de ello, amiga, me preguntaba si habría existido algún boxeador que, encontrándose en clara situación de ganar un combate y sin ningún motivo excepcional que lo aconsejase, hubiese tirado la toalla. Es decir, rendirse cuando se está venciendo. 

Por supuesto, este acto no implicaría un menosprecio del rival, ni lo contrario, una valoración excesiva. En realidad, el rival no contaría en la decisión. Tirar la toalla sería el colofón del combate que el pugil mantiene consigo mismo. Una parte del boxeador se impone a la otra y le hace abandonar. Es una lucha distinta, callada, íntima, sin mamporros, sin cejas rotas, sin labios sangrantes… Es una lucha que tiene más que ver con los escalofríos de la conciencia, con la nebulosa de la certidumbre. Es proclamar en voz alta: he llegado hasta aquí y me importa un bledo ganar. Me bajo del cuadrilátero y me tienen sin cuidado los abucheos del público. ¡El público! ¡Qué coartada perfecta!

Escribir y boxear, a simple vista, no tienen nada que ver. Es cierto que la literatura se ha ocupado a menudo del boxeo, no al contrario. Pero en el fondo escribir también es boxear contra uno mismo. Y nuestros propios golpes suelen ser tan dolorosos como los ajenos, o más. Por ese motivo, un escritor también puede tirar la toalla, aunque en la cartulina de los jueces vaya ganando el combate. Pero, en definitiva, ¿qué entienden los jueces de boxeo? Y peor aun, ¿qué entienden de literatura?

Maruja

Miércoles, 10 de Junio de 2009

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Hace veinte años existían en Castilla-La Mancha los Centros Coordinadores de Bibliotecas. Cada provincia tenía el suyo. Creo que visité todos, algunos muchas veces. Si tuviera que quedarme con dos, elegiría los de Ciudad Real y Albacete. Y si me obligasen a selecionar uno solo, no lo dudaría: Albacete. 

Creo que los políticos que los impulsaron nunca fueron conscientes de lo que acababan de poner en marcha, pues de lo contrario esos mismos políticos nunca se los hubiesen cargado de un plumazo unos años después. Las bibliotecas -y con ellas- los libros -y con ellos- los escritores, llegaron a los rincones más alejados y abandonados de cada provincia. Nunca he visto nacer una red de bibliotecas con tanta fecundidad y con tanta ilusión. La tela de araña se tejía con renglones llenos de letras, de ideas, de sentimientos, de experiencias… Y todos se dejaban envolver por el arrullo mágico y comprometido de las palabras.

Y detrás de todo aquello, por supuesto, había personas, sobre todo mujeres. Mujeres inteligentes, ilusionadas, entregadas…, que nunca miraban el reloj cuando estaban trabajando, porque en el trabajo estaban descubriendo una razón de ser y una manera de crecer. Me consta que hasta pasaron noches en vela colocando los libros en las estanterías para que la biblioteca pudiera ser inaugurada al día siguiente. Me consta tambien que, en alguna ocasión, hasta recibieron la visita de la guardia civil, extrañada de que en horas tan intempestivas las luces de la biblioteca estuvieran encendidas.

¿Por qué se tiran proyectos tan hermosos a la basura?  ¿Por qué se prescinde de personas tan valiosas y tan generosas? ¿Por qué se empeñan en meter a la cultura en contenedores de colores para reciclarla?

Maruja, yo no quiero felicitarte solo por tu cumpleaños. Sigo visitando a menudo bibliotecas de la provinvia de Albacete, algunas en pueblos remotos y casi perdidos, y compruebo que son de las más activas y dinámicas de España. Entonces no puedo evitar acordarme de ti, de tu equipo, y de todo lo que fuiste sembrando. Siguen en pie los edificios, con sus estantes llenos de libros; siguen en pie las ilusiones. Las raíces son hondas y muy sólidas. Por eso, mi felicitación es doble. Cincuenta besos.