Sonríe, ¿para qué?
Sábado, 23 de Mayo de 2009La palabra “sonríe” que aparece en la fotografía está formada por numerosos vasos de plástico, incrustados cuidadosamente en una tela metálica que cierra unos terrenos cercanos a la Casa de Campo, en Madrid. Está justo en una rotonda con bastante tráfico, lo que significa que muchos conductores habrán reparado en ella. Me llamó la atención verla escrita de aquella manera y me pregunté de quién habría sido la idea, y también qué pretendía conseguir. ¿Hacer sonreír a los conductores estresados que pasasen por allí rumbo a la desalentadora rutina diaria? ¿Dar una pincelada de buen humor y optimismo en tiempo de crisis? ¿Simplemente llamar la atención? ¿Era acaso una forma de sustituir las pintadas de los grafiteros?
De cualquier modo, la iniciativa me hubiese resultado graciosa de no ser porque he empezado a ver por otras calles de la ciudad unos carteles, perfectamente impresos, con la misma palabra y con la bandera y el escudo de Madrid debajo. Por tanto, ese “sonríe” me temo que solo es un eslogan del ayuntamiento, cuya finalidad podemos imaginar: dar una imagen amable para conseguir los dichosos juegos olímpicos. Y claro, se rompió el encanto. ¡Yo que pensaba que se trataba de un loco visionario empeñado en arrancar una sonrisa al mundo por el mero placer de sonreír!
Y una duda: ¿pagará el ayuntamiento a algunas personas para que introduzcan cuidadosamente vasos de plástico en las alambradas y conformen palabras? ¿Qué tipo de funcionarios serán los encargados? ¿Se podrá opositar a ello? ¿Cuál será el temario de la oposición? ¿Como requisito bastará con haber terminado la Primaria o se necesitarán estudios universitarios?

Me han asegurado que el café es bueno y los bollos deliciosos. Además, y aunque algunos puedan pensar lo contrario, Colmenar Viejo no está en la Cochinchina, ni mucho menos. Es cierto que no se puede llegar por tierra, mar y aire; pero desde Madrid hay una autovía y una línea de Cercanías. Dicen de este lugar que es la puerta de la sierra, por eso se respira un aire tirando a limpio y a fresco. Yo pasé un verano allí en mi remota infancia y aun recuerdo una casa de piedra grandota, el perfil de las montañas y una noche de tormenta. El anfitrión será Andrés Guerrero, pintor, ilustrador, escritor: un lujo. No sé si en el pósito quedarán restos de grano, si es así, haremos un pan de hogaza para la cena; pero me temo que de pósito solo debe de quedar el nombre. En principio no habrá niños ni zagales, no porque tengan prohibida la entrada, sino porque trataremos de hablar de un libro de los que solo lee la gente llamada adulta. ¿Por qué no estoy dispuesto a cambiar este “oficio miserable” por cualquier otro? No lo sé. ¿O sí lo sé? Es cierto que nunca me he comprendido a mí mismo. Será porque ni siquiera me conozco. Siento desaprovechar tu sabio consejo, Sócrates. Tú también estás invitado, querido filósofo. No importa que no tengas tiempo para cambiarte de ropa y llegues hecho un zombi. Nos haremos cargo.

