Berlín
Dos días en Berlín no dan para mucho, y más cuando la tarde del segundo día se dedica a una conferencia en el Instituto Cervantes; pero al fin y al cabo ese era el motivo del viaje. La primera sensación es que Berlín está en obras, en remodelación: las grúas y los andamios te asaltan por todas partes. Conocía parte de Alemania, pero Berlín es diferente. Lo dicen los propios berlineses: Alemania es una cosa y Berlín, otra.
Berlín es poliédrica, llena de caras. Quizá lo explique la existencia del muro hasta hace casi veinte años. Parece que todo esta duplicado allí, o triplicado. Pregunté por el centro y me respondieron: ¿Cual de ellos? Es también una ciudad abigarrada por algunas zonas y desparramada por otras, con grandes espacios vacíos (no siempre verdes). Esto último se aprecia muy bien desde lo alto de la torre de telecomunicaciones en Alexanderplatz, a 300 m. de altura. Sensación de amalgama: iglesias y museos monumentales con las líneas aéreas del metro cruzando el espacio, tranvías retorciéndose sobre el pavimento empedrado, edificios de todos los estilos y gustos, bares, terrazas, tiendas, bicicletas… Mucha gente joven y variopinta.
No se puede afirmar, en sentido estricto, que Berlín sea una ciudad de arrebatadora belleza, pero tiene algo especial, un magnetismo del que es dífícil escapar. Además es una ciudad muy paseable, que invita a prescindir del plano de orientación y a dejarse tragar por sus calles, por sus barrios… Fundamentalmente es lo que he hecho: pasear y pasear, lo que significa que únicamente he visto la ciudad por fuera. Solo decidí entrar en un lugar (y creo que no pude haber tomado mejor decisión): el museo de Pérgamo. ¡Que nadie que vaya a Berlín se lo pierda!
Berlín es una de esas ciudades que abandonas con el deseo de volver. Merece la pena, y mucho. Debo regresar para descubrir sus entrañas. Lo anotaré en mi agenda.
¿El acto literario del Instituto Cervantes? ¡Genial!



3 de Abril, 2009 - 1:24
Como los ingleses y los franceses, ¡qué grandes expoliadores fueron los alemanes! Por eso, me quedo con los museos de Berlín. La pregunta del millón es saber si se habrían salvado esas obras si no las llegan a traer a Europa. La cerveza, floja. El café, asqueroso. La comida, mala. La gente, fantástica. La ciudad entera…, sí, me gustó. Alfredo, si escribieses un libro que sucediera en Berlín, ¿de qué trataría?
3 de Abril, 2009 - 11:24
Arsénico, los propios berlineses reconocen que su comida no es la mejor de Alemania, y todos sabemos que la comida alemana no es la mejor del mundo. Es curioso, vayamos donde vayamos, siempre nuestro estómago quiere dar su opinión. Me gusta el ambiente de Berlín para un libro. No lo descarto. ¿El tema? ¡Uf! Desde luego una novela negra quedaría perfecta en el entramado urbano de Berlín; pero también me imagino a un personaje atormentado, encerrado en sí mismo, caminando por esas calles empedradas, bajo un cielo plomizo que amenaza lluvia. ¿Y por qué no una historia de amor, una cita apasionada en un pequeño hotel de la ciudad de dos personajes que luchan denodadamente para que el destino no los aleje? Y también un cuento infantil con un oso. Y además… Sí, Berlín es una ciudad muy literaria.
3 de Abril, 2009 - 14:08
Yo no quería buscar protagonismo, ni discutir con el escritor. Yo sólo quería, ingenuamente, hacer ver al señor Cerdá que no es bueno andar presumiendo de ganar premios. Que no se entienda esto de falsa modestia, o ataque a un prepotente; todo es más sencillo: No me parecía bien que un escritor para niños fuera tan presuntuoso y pagado de sí mismo.
Se deben oír todas las voces; por muy grande que uno sea como escritor, ha de aceptar la crítica constructiva de un lector sencillo.
3 de Abril, 2009 - 16:25
Yo no tengo la suerte de conocer Berlín,por lo que carezco de una opinión personal sobre esa ciudad,aunque con la detallada y minuciosa descripción que nos has hecho de ella y echándole un poco de imaginación,casi podría decir que he estado a punto de rozarla con la punta de los dedos de mis pies.
Tenía alguna referencia a través de una amiga que la visitó hace un tiempo y la verdad es que coincide bastante con lo que tú nos cuentas.
No dudo que este viaje,al igual que ha sucedido en otras ocasiones,pudiera dar fruto literario.¡Cómo me seduce la idea de que fuera una historia de amor apasionada…..!
Aunque todo parece indicar que el motivo de esta entrada no iba a ser el acto literario del Instituto Cervantes,sí he echado de menos el que hicieras algún comentario sobre el acto en sí,además de calificarlo como “genial”.
Un saludo
3 de Abril, 2009 - 21:03
Recomiendo “Berlín Sinfonía de una gran ciudad” de Walter Ruttmann, del año 27.
También recomiendo una visión totalmente opuesta a la de Ruttmann como es la de mi adorado Rosellini, “Alemania, Año cero” del 48.
Dos joyas!!!!
4 de Abril, 2009 - 15:40
Marian para satisfacer tu curiosidad sobre el acto del Instituto Cervantes de Berlín añadiré algo más: ¡Muy bien!
4 de Abril, 2009 - 15:45
María José, tomo nota de tus dos sugerencias. La de Rosellini creo recordarla vagamente, pero debi de verla hace muchísimos años. La buscaré. La de Ruttmann la desconocía. Hay veces que el cine o la literatura nos llevan a hacer viajes; en otras ocasiones ocurre justamente lo contrario.
5 de Abril, 2009 - 12:34
pues la de Rosselini hay que verla , re-verla, y refrescarla de vez en cuando!
y de paso acabar su trilogía sobre la segunda guerra mundial terminando la sesión contínua con “paisà” y “Roma, città apperta”…
la de Ruttmann es deliciosa, es un poema visual, la banda sonora es igualmente brillante!
5 de Abril, 2009 - 20:44
Para variar, y a propósito de Berlín, esta vez no es un título para un libro lo que podría regalarte, sino la propia historia:
Un poco de novela negra (de tu cosecha) para un personaje atormentado inmerso en una historia de amor a la que sería estupendo que le cambiases el final que en realidad tuvo.
O no.
Con los finales de tus libros nunca se sabe…
6 de Abril, 2009 - 8:20
LaYebra… ¡y te habrás quedado tan ancha! Es verdad que en ocasiones la idea de un libro surge de un detalle insignificante, pero tendrás que reconocer que la idea que me “regalas” no se sabe bien si, incluso, llega a la categoría de idea. En fin. ¿Has empezado ya tu novela, o le has puesto título? Ojo con el título, no te lo vayan a robar. Por cierto, ¿por qué no escribes tú la novela que me propones? Seguro que una viajera como tú conoce Berlín.
6 de Abril, 2009 - 8:25
María José, mira tú por dónde, estos blog pueden servir (aparte de otras cosas que prefiero callarme para no dar pábulo a quien anda buscándolo) para despertar curiosidad por libros, por películas, por música, por lugares… Tengo que ver esas películas que comentas.
6 de Abril, 2009 - 10:28
Es que era un esbozo. Porque tengo una historia, conozco Berlín y porque fui el personaje atormentado, así que tengo todos los detalles aunque no era cuestión de dejarlos en el blog. Pero, como de costumbre, me mandas hacer a mí los deberes aún sabiendo que lo mío son los títulos.
Un día te voy a hacer caso y verás…
6 de Abril, 2009 - 13:37
Pues una película recomendable sería El increible hombre menguante (1957).
Un libro: La sombra del ciprés es alargada, de Delibes.
En cuanto a música, podría ser algo de David Bowie.
Un lugar: Irlanda o Escocia, pero donde haya gnomos…
8 de Abril, 2009 - 8:04
LaYebra, va siendo hora de que me hagas caso -que ya tienes edad- y te pongas a escribir esa novela. Me creo lo del personaje atormentado. Solo te falta el resto. Y seguro que el título será de los que hacen época. Yo voy a escribir un realto de cinco o seis folios ambientado en Berlín, pero en los años treinta, y que quiero que forme parte de un libro de relatos, que ando escribiendo poco a poco, a salto de mata. Pero no descarto Berlín para empresas de mayor envergadura.