Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Archivo de Marzo de 2009

Hikikomori

Sábado, 21 de Marzo de 2009

hikikomoriNo es difícil percibir en nuestro tiempo que, a pesar de que cada día somos más en el planeta, aumenta la soledad; y, aunque vivamos más apretados que nunca, la incomunicación se está convirtiendo casi en una epidemia. Las nuevas tecnologías, con Internet a la cabeza, tienden a recluirnos en una habitación de nuestra casa y a hacernos creer que, sin movernos de una silla, podemos lograrlo todo, sin darnos cuenta que la mayoría de esos logros solo son espejismos.

En Japón se está produciendo un fenómeno alarmante, difícil de explicar: más de un millón doscientos mil jóvenes han decidido recluirse en su habitación y no salen para nada. Renuncian a la vida exterior y, con ella, a casi todo. Comen porque sus padres les dejan la comida en la puerta todos los días, de lo contrario posiblemente morirían de hambre. Los padres se avergüenzan de la postura de sus hijos y procuran ocultar su situación, no hablando a nadie de ello. Para la sociedad es como si estos jóvenes hubieran dejado de existir: nadie los nombra, nadie pregunta por ellos. El fenómeno, que no deja de crecer día a día, ya tiene nombre: hikikomori. Se dice que la competitividad de la sociedad japonesa y la exigencia excesiva de los padres hacia los hijos es la causa de todo. Pero yo creo que el problema es más de fondo y tiene que ver con los derroteros del llamado “ser humano” en estos comienzos tan inciertos del siglo XXI. Hikikomori puede que solo sea el comienzo de la pandemia.

Cosas de sibilas

Lunes, 2 de Marzo de 2009

sibila cumeaLa sibila Cumea le pidió a Apolo un deseo, que formuló de esta manera: “Coge un puñado de arena de la playa; quiero vivir tantos años como granitos de arena hayas atrapado en tus manos.”

Apolo le concedió el deseo, pero la sibila cometió un error muy importante. Pidió vivir muchos años -cientos, miles…-, pero no pidió que su cuerpo se mantuviera siempre joven.

Pasó el tiempo y, de tan arrugada y encogida que quedó, su aspecto era similar al de una cigarra. Vivir era sencillamente insoportable y se pasaba la vida repitiendo las mismas palabras: Quiero morir, quiero morir, quiero morir… ¡Tal era su desesperación!