Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Castañas

castañas

¿A cuantos de nosotros el olor a castañas asadas nos da un pellizco en la memoria? Además, no hace falta ser mayor para sentirlo. Las castañas nunca faltan a su cita, calientes, metidas en cucuruchos de papel para calentar las manos antes que las tripas, constatando que el invierno campa a sus anchas por las calles de la ciudad. Me soprende que estos diminutos y humeantes puestos callejeros se mantengan todavía en las aceras, entre el Burger King y el McDonald’s, enfrente del Telepizza y el Pans & Company. 

8 comentarios sobre “Castañas”

  1. Natalia dijo:

    paradógico verdad?
    Creo que mas de uno lo hemos pensado en alguna que otra ocasión…

    Yo por lo pronto espero que no desaparezcan, si nos quitan las pocas cosas buenas que nos quedan…¿que nos queda?

  2. natalia dijo:

    Me encanta el olor de las castañas asadas, más que comerlas jaja. Me alegro de que aún se siga habiendo puestos ^^

    Besos y feliz año :)

  3. ASUNCION dijo:

    No se si un pellizco en la memoria, pero a mí la visión de los puestos de castañas en León me traslada a otro espacio, otra dimensión, y me permite evocar historias. Historias de vidas imaginarias que por un momento me pertenecen.Me dejo llevar por el olor y el humo que sale del puesto e … inevitablemente mi mente se pone a trabajar.
    Ah!, por cieto, me he comido un cucurucho de castañas esta tarde en el puesto que hay en la Calle Ancha de León, que por cierto está cerca de un Pans & Cómpani.El otro puesto está en la Plaza de Santo Domingo, justo al ladito de una Sala de Juegos. ¿Divertido, no?

  4. Ana dijo:

    Alzo la mano ante la pregunta y evoco a una niña del ‘guante’ de su padre caminando hacia una máquina de vapor multicolor en miniatura que servía de puesto de castañas al estival heladero ambivalente y pluriempleado que había en mi pueblo….
    Y más atrás, acompañando a mi abuela a ‘apañar los oricios’ que servían de envoltura al brillante y apetecible fruto que luego meteríamos en su cocina de carbón y que era compañero de tantas y tantas charlas ante el fogón.
    ¡¡Ay Alfredo, cuántas nostalgias con el fondo, y el aire de castañas!!…
    Y cuántos magüestos en los coles astures acompañados del primer mosto de manzana (sidra dulce)…incluso cuántos cuentos de castañeras…En fin…

    ¡¡Una eñe de otoño y añoranza que se empeñe contra el engaño a los niños y empuñe las morriñas de castañas, coñe!!

  5. Srta. Julia dijo:

    Me encanta la época de castañas, en las que te puedes introducir de repente en una nube grisácea de olor irresistible. Aspiras una bocanada y te evoca recuerdos, momentos, personas… Un cucurucho bien calentito, que calme un poco el frío invierno asentado en las manos

  6. Un lector dijo:

    Usted ha ganado.
    El poderoso siempre sale victorioso.
    ¡Por vida de…, que está usted colmado de fortuna!

    Decía Pascual Duarte que esta vida es un osario de esperanzas muertas.

  7. Almezzer dijo:

    A pesar de lo dicho en esta entrada, nunca he sido muy “castañero”. Me gusta ver esos puestos por la calle, el olor que desprenden, la columna zigzagueante de humo, los cucuruchos de papel… Creo que lo principal, como parece que ha quedado claro por los comentarios, es su poder evocador. Curiosamente, este invierno he comprado dos veces castañas, y las dos veces estaban malísimas: quemadas, duras, frías… ¡La realidad siempre tan prosaica!

  8. La Rizos dijo:

    Soy malagueña y junto a la casa donde crecí siempre aparecía una castañera al llegar octubre. Recuerdo con qué júbilo bajaba yo corriendo las escaleras a saludarla, como si su llegada fuese lo único que alegraba mis tardes otoñales de cursos escolares recién estrenados.

    Hace ya mucho de aquello, y donde vivo actualmente ya no venden castañas asadas. Por más que busco de calle en calle, de octubre en octubre, parece que nadie recuerda ese aroma tan agradable y familiar que yo aún retengo en mi memoria olfativa…

    También te recuerdo a ti, en otro orden de las cosas. En aquella época de mi infancia viniste a mi colegio a hablarnos de Pupila de Águila, que fue uno de los libros que, (junto con La Historia Interminable y Los Escarabajos Vuelan al Atardecer) marcaron mis años de colegio.
    Gracias a que, por suerte, la literatura no puede cambiarse de calle o ciudad ni desaparece con el paso de los años, aún conservo tu libro y lo releo de vez en cuando.
    También me consuela pensar que quizá - a pesar de todo- las castañas sepan igual de bien si las aso en casa.

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