Frío

Hace frío. El jardín que se extiende frente a mi casa ha amanecido blanco, por la helada. El arroyo que serpentea por el parque por el que suelo pasear se ha detenido: parece que un duende del norte lo haya convertido en cristal. Un termómetro marca -4º C, a las diez de la mañana. Las personas, embutidas en abrigos y bufandas, caminan deprisa y el vaho que sale de sus bocas parece el humo de una estufa de leña.
La de veces que habremos oído frases como: Ya no hace el frío de antes; ya no hiela como helaba hace años; ya no nieva como antaño… Parecía que añorábamos tiempos remotos, como si, parafraseando al gran Jorge Manrique: “cualquiera tiempo pasado fue mejor.” Estamos en el mes de enero y hoy hace frío como antes, aunque lo notemos menos porque nuestras casas estén mejor acondicionadas. Esto debería suponer una vuelta a la normalidad, pero no lo parece. Todos los periódicos -los mismos que antes repetían que no hacía tanto frío como antes- incluyen titulares que hablan del frío de enero. También lo dicen los boletines informativos de las radios y de las televisiones. Hace frío en enero. ¿Qué dirían si hiciera este frío en julio? ¡Qué pocas cosas cambian, a pesar de que tengamos la sensación de que todo cambia! Y eso que yo soy de los que está convencido de que los seres humanos nos estamos cargando el planeta Tierra en todos los aspectos, incluido el clima. Por cierto, cualquier tiempo pasado no fue mejor, y agarrarse a ese razonamiento es algo triste, como cuando un campeón de boxeo decide tirar la toalla porque el rival le está zurrando más de la cuenta. El gran poeta lo explicaba perfectamente cuando antes del famoso verso incluía otro que dice: “cómo, a nuestro parescer”. Ahí está la clave. Al frío le importa un bledo nuestro parecer.



8 de Enero, 2009 - 21:54
Pues sí que está frío. Yo me levanté hoy a las 8 a caminar y no veía ni torta. Con decirte que perdí un guante y hasta que no regresé (y ya era de día) no lo vi…
Aquí estamos a unos 3 bajo cero, y nieva y nieva y sigue nevando y la cota de nieve está en cien metros… ¿Alguna sugerencia?
Un saludo escritorazo jeeee
8 de Enero, 2009 - 21:55
Por cierto, tienes una pinta de frío en ese momento que buf casi apetece coger la mantita y acostarse en el sofá bien tapadín.
8 de Enero, 2009 - 23:50
Pedro, el remedio del sofá envolvente (con manta encima) es tentador. ¿Recuerdas esos versos de Góngora?
“Cuando cubra las montañas
de plata y nieve el enero
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas.”
Me hace gracia que pierdas un guante cuando más falta te hacía. Yo hace unos días perdí un paraguas también cuando más falta me hacía, pues estaba diluviando. ¡Qué cosas!
9 de Enero, 2009 - 10:33
cualquier tiempo pasado fue mejor… pero pasado reciente… echo de menos el verano, el sol, el calzarme las sandalias y salir a la calle deditos al aire. Los atardeceres en la playa, el airecito templado que entra por las ventanas de mi estudio, los chicos con camisetas sin mangas que enseñan los pelillos del pecho y del sobaquillo…
el verano es puro erotismo!
el invierno es una monja!
9 de Enero, 2009 - 13:22
Lo más gordo no fue que lo perdí, sino la sensació nde completo imbécil que me quedó. Había que verme rebuscar entre la nieve un guante negro. Coño, si ya de pronto como que debía de poder verlo, al fin y al cabo era negro sobre blanco… pues no… qué cosas…
10 de Enero, 2009 - 12:10
María José, valoramos el verano porque existe el invierno, y el calor porque existe el frío. Todo puede tener una lectura negativa y positiva. Y los veranos que solemos tener en estas latitudes también se prestan al escarnio. El erotismo no pertenece a ninguna estación, como todo el mundo sabe, pertenece exclusivamente al cerebro, a nuestro cerebro.
11 de Enero, 2009 - 2:56
Va a llevar razón el escritor Mario Cuenca cuando dice que “Uno nunca acaba de saldar sus deudas con el frío”
11 de Enero, 2009 - 14:53
Papel, pensemos por ejemplo en todos los escritores rusos, refugiándose en casa del frío siberiano, al calor del hogar. Y de paso, con la pluma en ristre. El frío se nota en la literatura. Y el calor, por suspuesto. Pero imagino que también se pueden tener otras deudas pendientes con el frío.
12 de Enero, 2009 - 20:38
Es que no me puedo contener si se habla de frío y una vive en la ciudad donde vive. Hoy, doce de enero, he ido a trabajar con un paisaje precioso. La carreterita que separa mi pueblo de “La Ciudad Gélida”, dejaba ver a cada lado los campos que en verano están dorados por el trigo al sol. ahora, tierra movida por los arados, totalmente cubierta de hielo y brillante por el sol de un día despejado. Los arbustos blancos y perfectamente perfiladas cada ramita y cada hoja… bellísimo. No, no había nevado, con 10 grados bajo cero, no nieva. En la primera rotonda cercana a mi trabajo, un termómetro marcaba 9 bajo cero, pero me han dicho de otro en el que se le leía -10. Pero el paisaje era bonito de verdad, a mí me encanta.
¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Yo me fijo en las cosas bellas del presente. El frío de la calle y el calor de mi hogar me parecen un encantador contraste.
Cinco besos cálidos desde “La Ciudad Gélida”.
16 de Enero, 2009 - 22:57
Reyes, lo cuentas de tal manera, con tanto entusiasmo, que hasta da un poco de envidia esa helada que describes. ¡Solo son diez grados bajo cero! ¡Y vivan los contrastes!