Frases
No soy muy aficionado a esas frases grandilocuentes, que por lo general no admiten ningún matiz, que a veces encontramos como citas en los libros y que, en estos tiempos modernos, llenan los correos masivos de Internet, acompañadas por lo general de bellas imágenes. No sé con qué rigor se hacen estos montajes, pues es sabido que algunas personalidades, a las que se les había atribuido determinadas frases o comentarios, han renegado de ellas. Yo tengo algunas nada grandilocuentes -extraidas siempre de algún libro- escritas en papeles, que pincho sobre un panel de corcho, junto a mi mesa.
La cuestión es que a veces se me ocurren frases, que suelen obedecer a alguna reflexión, y tengo la impresión de que alguien ha pensado lo mismo antes que yo, y no solo eso, sino que incluso lo ha dicho públicamente. “Nada nuevo bajo el sol”, que ya descubrieron los antiguos. Me ha ocurrido recientemente con una frase, no muy alentadora, por cierto:
La vida no tiene sentido, pero lo importante es darse cuenta de ello al final.
A lo mejor el secreto de la dichosa felicidad es ese: darse cuenta al final. Lo malo, evidentemente, es darse cuenta al principio.



2 de Noviembre, 2008 - 9:49
En la vida a veces hay muchas preocupaciones, y como dices, la felicidad parece que está en constante cuestión o exámen. Para mí, simplemente la vida es vivir, con sus pequeños momentos que inundan la existencia. Esa es la esencia de la felicidad. Nunca completa, porque creo que no hay nada completo. Pero sí que influye en que mi ánimo esté en constante evolución.
Un saludo muy cariñoso. Hasta pronto.
2 de Noviembre, 2008 - 22:42
Tengo yo la impresión de que la felicidad sólo es posible cuando ni siquiera conoces el concepto como tal. Es decir, creo que la época de la vida en la que se tienen más posibilidades de ser feliz es aquella en la que no eres consciente de ello, en la que no cabe en tu mente el ser feliz o infeliz. Y eso es cuando eres un niño.
Después… es imposible ser feliz, al menos, ser feliz completamente. Creo que la felicidad cuando eres adulto es un estado de ánimo, igual que la alegría o la tristeza. Existen momentos de felicidad que pueden venir por una mirada, una carta o un libro. Y hay que valorar esos momentos y hacer que sean lo más numerosos posibles. Un abrazo, Alfredo.
3 de Noviembre, 2008 - 10:02
hola Alfredo!
muchísimas gracias por haber contestado a mi mensaje,.. y mil gracias por haberse tomado la molestia de visitar mi blog y de ver mi trabajo!!! que alegría me ha dado! me ha dado un vuelco el corazón!
Tenga por seguro que no le he guardado en el rincón del olvido… como iba a hacerlo?
tenía 13 años cuando compré “pupila de águila”, y no paraba de leerlo y releerlo, y de imaginarme como serían Martina e Igor… e incluso alguna vez los dibujé.. ajajaja que cosas!!!
Si que he ilustrado algún libro, sobretodo para fuera de España (aquí el “tema” está muy chungo..) aunque siento que mis trabajos son demasiado autónomos , hablan ya por sí mismos como para aplicarles palabras… eso creo! aunque el ilustrar palabras nunca me ha sabido amargamente, de verdad!
sería genial el coincidir con usted en algún trabajo, y hacer una obra redonda, perfecta!
quien sabe si el destino me tendrá esa sorpresa guardada?
Bueno, Alfredo, de nuevo muchas gracias por sus palabras, me ha alegrado el dia!!!
un abrazo,
maria jose reche.
3 de Noviembre, 2008 - 21:01
¿Por qué nos preocupará tanto la felicidad?
Yo me conformaría con la ausencia de dolor o la más temida de las presencias como el vacío. Daría lo que fuera por una existencia apacible sin grandes sobresaltos. Tal vez, mi forma de pensar se debe a un estado de ánimo que ,como cualquiera de ellos, es pasajero.
A pesar de todo, me quedo con una frase de Julián Marías que define la felicidad como “ese imposible necesario”
4 de Noviembre, 2008 - 1:36
Yo tengo una libreta sólo con frases que he recopilado de los libros que he leído a lo largo de mis cortos años y que he escuchado en canciones, en discursos, etc.
Me gustan las frases, gran frase, aunque sentenciosa, ésta última frase que has puesto y alguna de las que he leído en la foto, de tu corcho.
A mí me pasa igual, cuando escribo algo, a veces, tengo la sensación de que no es mío, pero lo he pensado yo, no sé… es raro…
Un beso!
4 de Noviembre, 2008 - 12:45
David, Andrea, Flora: no era mi intención reflexionar sobre la felicidad. ¿Qué es la felicidad? ¿Existe o no? Esas cosas que llegan a hacerse pesadas. Como dice Andrea, es posible que solo sean felices los que no son concientes de ello. A mí no me preocupa la felicidad, ni es una meta en la vida; aunque he conocido a personas que sí querían ser felices por encima de todo y que, incluso, eran capaces de decirte las cosas que necesitarían para conseguirlo. Yo dudo que se pueda lograr así. Ni siquiera estar bien con uno mismo significa ser feliz.
4 de Noviembre, 2008 - 12:50
María José, ha sido un placer conocerte y, sobre todo, conocer lo que haces, que me gusta y me sobrecoge al mismo tiempo. Oye, en este blog todos -aunque no nos conozcamos personalmente- solemos tuteamos, ese trato de usted me hace sentirme más viejo de lo que ya soy. No dudes que el destino nos sorprende constantemente, así que espero que un día hagamos ese libro.
4 de Noviembre, 2008 - 12:54
Ocasiones, ya veo que tenemos la misma costumbre. Yo también tengo esa libreta de la que hablas. A veces es curioso descubrir como una sola frase encierra lo que podía ser la idea de una obra entera. Yo no suelo poner muchas citas en mis libros, excepto en uno: “La casa de verano”, que tiene muchas. Y hay una que encierra todo lo que yo quería contar en la novela. Es de Antonio Machado y dice “Late, corazón, no todo se lo ha tragado la tierra.”
4 de Noviembre, 2008 - 13:44
Yo también apunto frases, algunas por lo que dicen, otras por cómo lo dicen. Pero en general suelen ser las que me tocan personalmente, lo cual refuerza esa teoría de que en el fondo leemos para encontrarnos (seguro que hay muchas citas sobre esto).
Es curioso como hay autores de cuyos libros apenas puedes sacar una cita y otros con los que no paras de apuntar cosas (uno de los ejemplos más significativos de este caso es Oscar Wilde), y en ambos casos pueden traqarse de grandes escritores.
4 de Noviembre, 2008 - 20:21
Pues sí, es mágico descubrir frases que resumen libros enteros, conversaciones enteras, ideas…
Yo tampoco soy de citar mucho, pero cuando lo hago, me pasa como a ti, que casi no puedo parar;)
Un beso!
6 de Noviembre, 2008 - 1:22
Ay, Alfredo, mientras leía esta entrada se me ha venido a la mente esa cita de Machado que ya has puesto más arriba: Late, corazón, no todo se lo ha tragado la tierra, y que leí por primera vez hace más tiempo del que parece en La casa de verano ( ¡La casa de verano! ¡De qué manera brutal sigo necesitando ese libro por más que pasen los años!). Como ya me has quitado la cita, voy a atreverme a dejar un artículo de Andrés Neuman titulado Arte del plagio, compuesto casi únicamente por citas, que simpre me pareció genial. http://www.andresneuman.com/hemeroteca/diacordoba_detalle.php?recordID=11
8 de Noviembre, 2008 - 12:49
Dentro de las lecturas obligadas de mi hijo de 10 años aparecio “El tesoro más precioso del mundo”, no teníamos muchas esperanzas de que le gustara, porque tengo que decir que la mayor parte de la literatura infantil es demasiado social, cursi, etc. pero con este libro mi hijo se ha reido, eso es mucho para acercar a los niños a la lectura. Por eso he decidido agradecerle este libro.
10 de Noviembre, 2008 - 1:36
Papel, para mí “La casa de verano” siempre ha tenido un significado especial, que no se mitiga con el paso de los años -el libro ya tiene más de veinte-. Me alegra que siga tan vivo y nuevos lectores se sientan tocados por él. En este momento estamos preparando una nueva edición, dentro de “Los libros de Alfredo”, con un apéndice complementario, donde hablaré de la música del libro y de las múltiples referencias literarias. No conocía el texto de Neuman. ¡Genial! Gracias por incluirlo aquí.
10 de Noviembre, 2008 - 1:39
Inma, la lectura tiene estas cosas. Nos pasa a todos, no solo a tu hijo. A veces un libro nos llega de una manera especial y ese libro nos anima a buscar otros. Espero que eso le ocurra a tu hijo. Sí, puede haber una literatura infantil demasiado social, o demasiado cursi, o demasiado lo que sea. Pero al final resulta que podemos encontrar un buen libro donde menos lo esperemos.