Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

El portazo de Nora

 

Casa de muñecas

Todos los amantes de la literatura -los mirones de este blog lo son en su mayoría- ya tendrán noticia de Nora, la protagonista de Casa de muñecas, uno de los dramas más conocidos de Henrik Ibsen, uno de los autores más importantes del siglo XIX y que sigue vigente en el XXI. 

“Casa de muñecas” se ha convertido con los años en un estandarte del feminismo. Y ese portazo de Nora al final de la obra, abandonando a su marido e, incluso, a su hijos, se ha considerado como el comienzo de una liberación necesaria. A mí no me gustaría enfocar el comentario en ese sentido. Me quedo solo con la necesidad de dar portazos a lo largo de la vida.

Es inevitable. Los hijos deben dar portazo a los padres, las mujeres a los maridos, los abuelos a todo y a todos… ¡Ay, de quien no haya jalonado su vida de portazos! Portazos para reafirmarnos y, sencillamente, para ser y crecer. Portazos que seguramente nos resquebrajarán de arriba abajo. Dar un portazo siempre es muy doloroso, pero no darlo es empezar a morir en vida. No cuesta dar un portazo en las narices de un necio, al contrario; lo que cuesta es dar un portazo a seres queridos que nos han acompañado tal vez durante toda nuestra vida. Dar un portazo no significa olvidar lo que queda definitivamente al otro lado de la puerta, por el contrario, todo eso viajará con nosotros y será el lastre necesario para que el vuelo no se nos descontrole del todo. Dar un portazo es correr el riesgo de quedarse solo, pero el propio Ibsen nos consuela al afirmar en otra de sus obras más conocidas -Un enemigo del pueblo- que “el hombre más fuerte del mundo es el hombre más solo.”

17 comentarios sobre “El portazo de Nora”

  1. FJ dijo:

    Hay veces que nos tendríamos que dar portazo a nosotros mismos, e intentar dejar atrás todo lo malo que llevamos dentro de nosotros que es a veces mucho.
    Quizás el portazo nos lo demos siempre a nosotros mismos, y no a los demás, y conscientes de nuestra propia situación queremos quedarnos con aquello que sabemos que somos realmente.
    Siempre me ha gustado mucho el punto de vista de los personajes de Ibsen, parece que todos tienen sus razones para hacer lo que hacen, como en la propia vida.
    También hay veces que damos portazos injustament,e y luego volvemos a atravesar el marco de la puerta arrepentidos…
    Una profunda reflexión la de los portazos, sí señor.
    Un saludo.

  2. Almezzer dijo:

    FJ siempre que damos un portazo, inevitablemente, nos lo damos también a nosotros mismos. Desde el momento en que el portazo modifique algo de nuestra propia vida, aunque sea una cosa insignificante, nos estará afectado muy directamente. Tú mismo lo intuyes y lo explicas, así que solo puedo añadir que estoy de acuerdo

  3. Ana dijo:

    No estoy de acuerdo en que sea ‘inevitable’ dar portazos. No sólo corre uno el riesgo de quedarse solo -dependiendo del número de portazos- si no también de una postura, pose o actitud frente a la vida más o menos gratificante y madura. Ese ‘deben’ al cual te refieres, Alfredo, debería de ser la última solución, la drástica, la dolorosa, la desmotivadora., para que (en el caso de que no haya más remedio que dar el portazo) nos quede al menos la conciencia de haber intentado ligar pensamientos con sentimientos, y que lograr la conciliación y el entendimiento previos se convierta en un ‘modus vivendi’ y no en un final frustrante.

    Dicho lo cual, –entiendo tu filosofía–, dijo ella mientras cerraba suavemente la puerta con una mirada cómplice ;-)

  4. Julia dijo:

    Portazos…

    Siempre dicen que cuando se cierra una puerta se abre otra. O una ventana.. o cosas similares. Pero ¿qué ocurre cuando un portazo cierra una puerta y por dentro echan la llave? ¿Cómo volver a abrir, si uno desea, dicha puerta?

    Portazos…

  5. Esperanza Fabregat dijo:

    Año de premios. Enhorabuena

  6. Almezzer dijo:

    Ana, quizá tendríamos que añadir ahora la definición de portazo. O el sentido que puede tener en algunos casos el significado de esta palabra. Yo sigo pensando que son inevitables los portazos, sobre todo en algunas etapas de nuestra vida. Pero un portazo implica al mismo tiempo atravesar una puerta y, por consiguiente, pasar de un lugar a otro. Y de eso se trata. ¿Quedarnos solos? Sí, tal vez. En todo caso dependerá de la actitud de cada uno, porque siempre habrá gente al otro lado de cualquier puerta. Al contrario de lo que dices, un portazo no debe ser la úlima solución, sino lo primera. Pero es difícil predicar con el ejemplo.

  7. Almezzer dijo:

    Julia, tú casi planteas otra cuestión: el deseo de dar marcha atrás y desendar el camino. Ya dijo no sé quién eso de “rectificar es de sabios”. La vida está llena de riesgos, a todos los niveles. Riesgos sentimentales, también. Y es un riesgo cerrar una puerta y sentir que al otro lado alguien ha echado la cerradura. Supongo que conocerás esa vieja historia, o leyenda, del conquistador Hernán Cortés, que quemó sus naves para que nadie tuviera la tentación de volver sobre sus pasos.

  8. Almezzer dijo:

    Gracias, Esperanza. No añado más, pues corro el riesgo de que mis palabras sean malinterpretadas de nuevo.

  9. Un lector dijo:

    Sí a todo. ¡Bravo por el Teatro de Ibsen!
    H
    El Difunto Matías Pascual de Pirandello, Luigi

  10. Un lector dijo:

    Me he leído Los Santos Inocentes de Miguel Delibes, y he encontrado la novela con letra grande y sin muchos puntos. Me ha gustado. Paco Rabal y Alfredo Landa en mi mente, muchos vimos la película siendo niños.

    Me he leído también El Hereje de Miguel Delibes y he comprobado como a los setenta y ocho años este gran escritor pudo hacer una novela estupenda. Cipriano Salcedo quedará para siempre en mi fantasía: bueno e inquieto. La hoguera… terrible, horrenda España la de la Inquisición.

    Lástima no poder dar un portazo a la Historia. A la Dictadura, a los señoritos y a la Inquisición.

  11. Fatima dijo:

    Querido Alfredo Insomne:Te he dejado una nota saludativa en tu blog de Agosto(”Delante o detrás”),pero se ve que los meses pasan y solo se echa un vistazo a lo más próximo,a lo inmediato,suele pasar….Espero que ésta si la veas(como estamos en el mes!)y sepas quién es quién te la envía.Besos- sin portazos-….sureños,por supesto!

  12. Almezzer dijo:

    Fátima !!!!!!! Leí el otro comentario y “mea culpa” por no haberte respondido en su momento. ¿De verdad piensas que no sé quién es la Fátima que lo escribe? ¡Cómo puedes dudarlo! Eres la Fátima de Cádiz, por supuesto. ¿O eres la de Huelva? Mira, me estás haciendo un lío, a ver si vas a ser la Fátima de Sevilla. Bueno lo aclararemos la próxima vez que nos veamos, paseando por El Palo a la orilla del mar, sentándonos a tomar algo en un chiringuito, hartos de niños y libros (esto último es políticamente incorrecto y seguro que surge alguien que me lo reprocha). Creo que tú te tomarás “una nube” y yo un café con hielo.

    Me ha costado -me está costando- pero he vuelto a escribir. Estoy en ello. Y tengo varios proyectos que me entusiasman. A veces los parones vienen bien, a todos los niveles, pues sirven para reflexionar un poco y replantearte cosas: lo que merece la pena y lo que no. Y creo que tú también lo sabes. A cierta edad -la mía, que no la tuya- te das cuenta de que solo unas pocas cosas -muy pocas- merecen realmente la pena. Escribir (aun) merece la pena. Te llamo un día y hablamos de cosas que no deben decirse en un blog como este. Besos sin portazos, por supuesto; los míos céntricos, o centrípetos, o centrífugos, o… simplemente madrileños.

  13. Fatima dijo:

    Ole!!!acepto encantada esos besos céntricos,centrípedos o cenrífugos,o…simplemente castizos/madrileños.Buenas noches…….

  14. Marian dijo:

    Qué bueno sería saber exactamente cuando se acaba una etapa de nuestra vida.Pero,¿cómo darse cuenta de que ha llegado ese momento?Es posible que pase desapercibido,camuflado entre costumbres,apegos,necesidades a los que se suele vivir aferrados.
    Por esa razón,creo también en la necesidad de que la propia vida,en algún momento,nos dé con la puerta en las narices.
    Sería una solución para pasar al otro lado de la puerta,respirar hondo y como tú bien dices,Alfredo,ser y crecer.

  15. Almezzer dijo:

    Marian, tu comentario amplía y complementa muy bien todo lo que se había dicho. ¿Cómo darse cuenta? Es verdad. Hay gente que no sé da cuenta, o que lo hace demasiado tarde; pero en todo caso dependerá de cada uno, de su capacidad de observar, analizar, percibir… Pienso que no es difícil, lo que ocurre es que por lo general preferimos “no complicar” más las cosas. Y, por supuesto, la vida nos da a menudo con la puerta en las narices. En algunas ocasiones, viene bien; pero la mayoría de las veces los portazos de la vida suelen ser muy duros.

  16. Flora Solís dijo:

    Querido A:
    Es mejor un portazo que una puerta mal cerrada.

  17. Almezzer dijo:

    Querida Flora Solís:
    Sí, pero siempre tiene que haber algo al otro lado de la puerta, aunque sea intangible e inalcanzable.

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