Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

Archivo de Septiembre de 2008

Sobre los placeres

Martes, 30 de Septiembre de 2008

Limpiar es un placerHace ya algunos años, un amigo, creativo de publicidad, me comentaba indignado que la Generalitat de Cataluña había prohibido la difusión de un anuncio en prensa sobre un raticida. El cartel, que debía figurar en los periódicos a toda página, recogía fotografías de presos, con su traje de reclusos y su número correspondiente. Y el slogan -motivo de la prohibición- decía con letras grandes: “Acabamos con todo tipo de plagas.” Y luego, claro está, el nombre de la marca.

Ahora acabo de encontrarme en el buzón de mi casa esta otra propaganda: “Limpiar es un placer… sobre todo si lo hacen por ti.” El slogan tampoco tiene desperdicio, y más si lo ligamos a las imágenes: la chica rubia de arriba, enguantada y con cara de circunstancias, y la sonriente y uniformada morena de abajo, que parece estar disfrutando haciendo camas o limpiando ventanas.

Había escrito algún comentario más, pero acabo de borrarlo. No merece la pena. Sacad vuestras propias conclusiones, queridos mirones. Yo siempre he pensado que no debemos traspasar nuestros propios placeres a los demás. Se empieza por ceder el “placer” de limpiar y podemos acabar por ceder otros, como iir al cine, escuchar música, pasear por la orilla del mar, hacer el viaje de nuestros sueños, enamorarse…  

Cervantes Chico

Sábado, 13 de Septiembre de 2008

 

Alcalá de Henares

Como algunos sabrán, desde hace unos pocos años se entrega un premio de Literatura Infantil y Juivenil llamado “Cervantes Chico”. Nació en Alcalá de Henares, por iniciativa de los libreros de esta ciudad, al que se ha sumado el ayuntamiento de la misma. Es evidente que la sombra del Cervantes, el otro, -¿lo llamamos el “grande”?- lo ampara y cobija. Me parece fantástica cualquier iniciativa que potencie la LIJ, y esta lo es sin duda. Además, en su afán de prestigiarlo y darle mayor difusión en los medios, han conseguido que a partir de este año lo entregue personalmente la princesa Letizia. 

Pero a mí siempre me ha parecido que tiene su gracia eso de “Cervantes Chico”, y hasta su chufla, si se quiere. Tendríamos que recordar que la LIJ arrastra un complejo de inferioridad (absurdo e irreal) con respecto a la Literatura, sin adjetivos, y lo de “chico” parece que viene a escarbar un poco más en ello. Se podía haber buscado otro nombre, sí; pero también era muy buena idea ligarlo a Cervantes, al Cervantes, y reivindicar de alguna manera ese nombre y ese premio. “Chico” es una palabra polisémica, puede significar algo pequeño y, al mismo tiempo, niño. “Cervantes Chico” es una anfibología y puede tener un doble sentido. Imagino que la intención de los creadores y propulsores del premio habrá sido ligarlo a niño, aunque en este caso y para ser políticamente correctos en estos tiempos tan cursis, tendrían que haber dicho “Cervantes Chico/a”; pero es posible que la mayoría lo identifique con pequeño -y si lo comparamos con el otro, no les faltará razón-. En el fondo, el nombre es lo de menos y la intención, lo de más. Eso sí, espero que pronto un escritor de LIJ gane el Cervantes, sí, el otro.

El portazo de Nora

Miércoles, 3 de Septiembre de 2008

 

Casa de muñecas

Todos los amantes de la literatura -los mirones de este blog lo son en su mayoría- ya tendrán noticia de Nora, la protagonista de Casa de muñecas, uno de los dramas más conocidos de Henrik Ibsen, uno de los autores más importantes del siglo XIX y que sigue vigente en el XXI. 

“Casa de muñecas” se ha convertido con los años en un estandarte del feminismo. Y ese portazo de Nora al final de la obra, abandonando a su marido e, incluso, a su hijos, se ha considerado como el comienzo de una liberación necesaria. A mí no me gustaría enfocar el comentario en ese sentido. Me quedo solo con la necesidad de dar portazos a lo largo de la vida.

Es inevitable. Los hijos deben dar portazo a los padres, las mujeres a los maridos, los abuelos a todo y a todos… ¡Ay, de quien no haya jalonado su vida de portazos! Portazos para reafirmarnos y, sencillamente, para ser y crecer. Portazos que seguramente nos resquebrajarán de arriba abajo. Dar un portazo siempre es muy doloroso, pero no darlo es empezar a morir en vida. No cuesta dar un portazo en las narices de un necio, al contrario; lo que cuesta es dar un portazo a seres queridos que nos han acompañado tal vez durante toda nuestra vida. Dar un portazo no significa olvidar lo que queda definitivamente al otro lado de la puerta, por el contrario, todo eso viajará con nosotros y será el lastre necesario para que el vuelo no se nos descontrole del todo. Dar un portazo es correr el riesgo de quedarse solo, pero el propio Ibsen nos consuela al afirmar en otra de sus obras más conocidas -Un enemigo del pueblo- que “el hombre más fuerte del mundo es el hombre más solo.”