Página personal de Alfredo Gómez Cerdá

El placer de hacer algo

señorita juliaHace aproximadamente un mes estuve viendo en el Teatro Fernán Gómez, de Madrid, “La señorita Julia”, de August Strindberg, una de esas obras de referencia en la historia del teatro. Pero en este comentario no pensaba hablar de teatro (el montaje de Miguel Narros, la interpretación de María Adánez…), ni siquiera hablaré de ese personaje fascinante y atormentado que es la señorita Julia. Recuerdo que al comienzo de la obra, en los prolegómenos, que no sé si pertenecen al propio Strindberg o son producto de la nueva adaptación del texto al público del siglo XXI (me inclino por la segunda posibilidad), un actor dijo la siguiente frase: “El placer de hacer algo.”

¿Qué sería de la vida sin el placer de hacer algo? Tal y como está formulada la frase se entiende que ese algo será satisfactorio. Ese podría ser el norte de nuestras vidas en esta época tan desnortada. Hacer algo, plantearnos un reto, luchar por él… Habrá quien piense socarronamente que hacer algo puede ser tumbarse a la bartola y rascarse la barriga, o oconsumir la vida consumiendo, o dejarse embrutecer por la legión de embrutecedores que nos asedian… El placer de hacer algo necesita previamente una introspección, una busqueda de un camino, una certeza de un sueño, un deseo firme. Y a partir de ahí podemos empezar a caminar, a hacer algo que tal vez nos dé placer. No solo los escritores, músicos, pintores, o gente que haga trabajos creativos, puede sentir ese placer de hacer algo. Cualquier persona puede conseguirlo y debería intentarlo con toda su ilusión. El placer de hacer algo y de hacerlo bien, el placer de mejorar, el placer de superarse, el placer de avanzar pasito a paso…

Algunos podrán recordarme ahora una entrada anterior en este blog, la que se refería a Bartleby, el escribiente. Él toma el camino contrario y decide firmemente no hacer nada. Lo que ocurre es que su decisión no es gratuita ni caprichosa, sino meditada y firme, segura y convencida. Quizá por eso nuestro querido Bartleby, en el fondo, sintió placer por no hacer nada. Porque en este caso no hacer nada era también hacer algo.

14 comentarios sobre “El placer de hacer algo”

  1. Tamarán dijo:

    Desde que lo descubrí sigo este blog con interés y, hasta ahora, como mirona asidua. Es un placer el regalo de estas reflexiones tuyas en “voz alta”, también creo que se podría llamar placer al hecho de “hacer algo” siempre y cuando lo que se haga sea en propio beneficio o en el de los demás. No poder hacer nada, no poder hacer lo que uno quiere, será, por contra, motivo de disgusto e incluso de sufrimiento. No pueden hacer nada los que están privados de libertad o tienen ésta limitada por cualquier motivo. Está claro que cuando por imposición ajena se nos prohiba hacer cualquier cosa, será cuando reconozcamos en toda su dimensión el concepto del placer en hacer lo que sea. Y por cierto comparto contigo por una de esas cosas que se pueden hacer para disfrutar, en el pleno ejercicio de libertad, el hecho de ir al teatro y ver una buena obra como lo es “La señorita Julia”.

  2. Fer dijo:

    Estoy muy de acuerdo contigo, Alfredo. De hecho, es algo por lo que me peleo constantemente con mis alumnos. Ya no me interesa que hagan algo grande, sino que sean conscientes de ello, que encuentren una motivación, aunque la motivación sea eso, tirarse a la bartola y rascarse la barriga, pero que sean conscientes de ese disfrute, que les ilusione. No se consigue siempre pero en cuanto encuentran ese “algo” he visto cambios impresionantes.

    (Se te echaba de menos)

  3. Lola dijo:

    Buenas tardes Alfredo,
    Hoy, por curiosidad, mientras navegaba encontré tu blog. Qué alegría me ha dado! Hace muchos años, concretamente 11, en el colegio nos mandaron leer Púpila de Águila. Como siempre, la dejadez hizo que en un primer momento no fuera a la librería a por él. Pero una tarde, mientras esperaba a una amiga cogí el libro de su estantería y comencé a leerlo. Cuando salimos de su casa fui directa a la libreria a por él y recuerdo que aquella noche estuve despierta hasta que lo terminé. Lloré incluso y fue el primer libro que me emocionó tanto.
    Poco tiempo después viniste a mi colegio y nos hablaste, y yo me quedé con las ganas de preguntarte si Violeta Parra existía de verdad. Hoy ya sé que existe. Aprovecho ya para darte las gracias por Pupila de Águila y por todos tus libros que causan momentos de placer a aquellos que los leen.
    En cuanto al tema… supongo que todos nos movemos por una motivación y sin una meta, un deseo que lograr, nunca podemos ser “felices”. A veces, es más importante el camino recorrido hasta que alcanzas lo que deseas que el obtenerlo en sí.

  4. Almezzer dijo:

    Tamarán, gracias por tu asiduidad. Esta palabra, “asiduidad”, es mucho más importante de lo que pensamos. Es una palabra que revela el enigma de la existencia humana. Todo se reduce a eso, a asiduidad. Desde que nos levantamos de la cama cada mañana comenzamos a ser asiduos: al café con tostadas, al autobús, a la mesa del despacho, al intercambio de palabras, a la risa y al enfado, a las caricias y a las patadas en las espinillas… Sí, eso es la vida: asiduidad.

    Solo una pequeña discrepancia contigo. No creo que “el placer de hacer algo” tenga que ver con hacer algo en nuestro propio beneficio o en el de los demás. ¿Por qué no hacer algo que no sirva realmente para nada? Hay personas que se pasan años contruyendo réplicas de monumentos famosos con palillos mondadientes, otras que se pasan la vida adiestrando ranas para que compitan en carreras, hubo también un santo de la iglesia católica que se pasó la vida encaramado en lo alto de una columna… ¿Para qué? A lo mejor solo para obtener placer. Los resortes del placer son inescrutables, como la mayoría de los caminos imaginados.

  5. Almezzer dijo:

    Fer, si la frase del encabezamiento tiene algún sentido especial es cuando la relacionamos con los zagales y zagalas que pueblan nuestros institutos. Para ellos y ellas es vital descubrir el placer de hacer algo. Como tú dices, lo que sea. ¡Cuánto os admiro a todos los que os dejáis el alma todos los días en las aulas!

  6. Almezzer dijo:

    Buenas noches, Lola. No sabes lo importante que pueden llegar a ser tus palabras, al menos para mí. Esos comentarios que has hecho, que ocurrieron hace once años, pero que recuerdas con tanta precisión, me devuelven día a a día la esperanza y me renuevan la ilusión. Y llega un momento en la vida en que necesitas que los demás te echen una mano, sobre todo con la esperanza y la ilusión. Y sí, no lo dudes, siempre es más importante el camino que el destino. Ítaca no importa, lo que importa es el viaje a Ítaca. ¿Conoces el magnífico poema de Cavafis?

  7. LaYebra dijo:

    Yo sí.

    (…)
    Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
    llegar allí, he aquí tu destino.
    Mas no hagas con prisas tu camino;
    mejor será que dure muchos años,
    y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
    rico de cuanto habrás ganado en el camino.

    No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
    Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
    (…)

  8. Almezzer dijo:

    LaYebra, qué gran poeta Cavafis a pesar de los pocos versos que escribió. Dan ganas de seguir recordándolo. Reproduzco un fragmento, que expresa lo contrario de “Ítaca”, fruto de su vida llena de tedio y de rutina, encerrado en una siniestra oficina:

    “A un mes sigue otro mes igual.
    Lo que vendrá fácilmente se adivina;
    serán las mismas cosas de ayer.
    Y el mañana nunca parece ese mañana.”

  9. Jorge dijo:

    Lo malo es cuando tienes la sensación de que no haces las cosas que deberías hacer para obtener placer. Esto también enlazaría un poco con el tema de la insatisfacción.

    Creo que en este mundo en el que podemos hacer tantísimas cosas, tenemos que buscar el rincón de “nuestras cosas”. Entre las mías está leer y participar en este blog.

  10. Lola dijo:

    Magnífico poema el de Itaca. Alfredo, ¿la estrofa que has puesto es también de Cavafis? Me sorprende que la misma persona que escribió Itaca haya escrito también eso. Ningún mes es igual que otros si no queremos y somos nosotros mismos los que los hacemos diferentes. Somos nosotros los que hacemos nuestra vida rutinaria o excitante, los que podemos esperar o hacer algo. Y somos nosotros los que podemos cambiar el día de mañana, o mejor, el de hoy. No hay que esperar a mañana para ser feliz.

  11. Julia dijo:

    Vivamos, querida Lesbia

    Vivamos, querida Lesbia, y amémonos,
    y las habladurías de los viejos puritanos
    nos importen todas un bledo.
    Los soles pueden salir y ponerse;
    nosotros, tan pronto acabe nuestra efímera vida,
    tendremos que vivir una noche sin fin.
    Dame mil besos, después cien,
    luego otros mil, luego otros cien,
    después hasta dos mil, después otra vez cien;
    luego, cuando lleguemos a muchos miles,
    perderemos la cuenta para ignorarla
    y para que ningún malvado pueda dañarnos,
    cuando se entere del total de nuestros besos.
    (Traducción de A. Ramírez de Verger)

    Ya lo decía Catulo durante 87-54 a.C. en la Galia Transpadana. Sí, el placer de amar, de sentir el propio placer. El disfrutar de ese mismo placer… placer, placer, más placer. Muchas cosas nos dan placer: soñar, superarse, cambiar, viajar, conocer, estudiar, aprender, incluso la propia necesidad produce placer.

    Placer, placer… dulce placer

  12. Almezzer dijo:

    Jorge, lo malo es saber o intuir qué cosas pueden satisfacernos y hacer lo contrario. ¿Insatisfacción o masoquismo?

  13. Almezzer dijo:

    Sí, Lola la estrofa es también de Cavafis. Los estados de ánimos y las experiencias que vivimos en cada momento de nuestras vidas nos hacen reaccionar de una manera o de otra y expresar sentimientos que, a veces, parecen contradictorios.

  14. Almezzer dijo:

    Placentero comentario, Julia. Me alegra mucho que cites a Catulo, un poeta eterno. ¡Leed a Catulo! Se enamoró locamente de una mujer llamada Clodia (la Lesbia de sus versos), pero ella, aunque le correspondía, le desdeñaba a menudo y le era infiel. Eso le hizo escribir un dístico famoso:
    “Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior.” (Odio y amo. ¿Cómo es posible?, preguntarás acaso. No sé, pero siento que es así y es una tortura.)
    Catulo, como otros escritores de la Antigüedad, nos demuestra que el ser humano ha cambiado poco, pues los sentimientos que nos remueven las entrañas siguen siendo los mismos.

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