Los recuerdos
Un comentario a la entrada anterior me ha hecho reflexionar sobre los recuerdos. Es cierto que los recuerdos forman parde de nuestra vida y en muchas ocasiones hasta justifican lo que hacemos o dejamos de hacer. Yo, sin embargo, cada día me fio menos de los recuerdos. No hay nada más traicionero que un recuerdo. He visto cómo muchas personas han ido manipulando sus propios recuerdos, adaptándolos en cada momento a sus conveniencias. No sé si se comenzará a hacerlo de manera involuntaria, pero estoy seguro de que llega un momento en que dejamos de ser conscientes de nuestra propia mentira y nos engañamos a nosotros mismos.
Los seres humanos somos egocéntricos en mayor o menor medida y, por eso, tendemos a adaptar todo a nuestra conveniencia. No solo lo que nos atañe directamente, sino hasta las cuestiones más trascendentales. Por lo general lo hacemos solos; pero, a veces, cuando se convive estrechamente con otra persona, se comparte hasta la falsificación. El engaño, entonces, se levanta a dos voces y a cuatro manos. Y el efecto suele ser el mismo. Sin embargo, si se produce una ruptura, esta afectará incluso a los recuerdos, y esas dos personas empezarán a ver las cosas -las presentes y las pasadas- de diferente manera.
Al final, ¿dónde está la realidad? Si la realidad no existe como tal y solo es una suma de subjetividades, pues no se hable más. Cada persona se construirá su propia realidad sobre los cimientos que prefiera. Habrá millones y millones de realidades y la gente vivirá con ellas, feliz o infeliz. Pero entonces ¿dónde está la verdad? ¿O la verdad también es subjetiva?



17 de Marzo, 2008 - 12:34
Los recuerdos… La verdad es que estoy totalmente de acuerdo con lo que planteas sobre su escasa fiabilidad.
Parece como si la memoria jugase con nosotros.
A veces creo haber vivido episodios que no presencié pero que me contaron, o invento un recuerdo ya borrado a partir de una foto o un comentario, o creo que era feliz en tal lugar o con tal persona sin ser cierto…
Creo que el tema de autoengañarnos es un mecanismo de defensa. No se puede vivir siendo consciente de todas nuestras miserias ni sufriendo a cada momento las penas acumuladas a lo largo de la vida.
Por otra parte, creo que la memoria es un tipo de creatividad que tenemos todos, hasta los que creen tener menos imaginación. Por eso, hasta las autobiografías más puntillosas no dejarán de tener gran parte de ficción. No podemos estar seguros ni de un recuerdo de ayer mismo, a lo máximo que podemos llegar es a decir que está “basado en hechos reales”.
Me he enrollado un poco, pero es que me encanta el tema de la memoria y los recuerdos, me parece tan sugerente y tan inaprensible…
19 de Marzo, 2008 - 19:23
¡Qué de acuerdo estoy con vosotros! Yo juraría que mi primer recuerdo es el de mi primer cumpleaños, pero es que tantas veces me lo han contado, que ya no sé si realmente yo “recuerdo” algo, o sólo creo recordar…
Y con esta memoria tan selectiva, qué fácil es quedarse sólo con la parte bonita, qué sencillo maquillar lo que pasó para que sea mucho más acorde con lo que quisimos que pasara…y no nos damos ni cuenta, y es peor con el paso del tiempo…Algo que en su momento real te pareció “bueno”, meses después, te puede llevar a parecer “increíble”…
Todo es tan relativo…y tan raro…
20 de Marzo, 2008 - 18:50
jg, los mecanismos de autodefensa los utilizamos constantemente a lo largo de nuestra vida, la mayoría de las veces de manera inconsciente. A veces pienso que, en el fondo, la vida solo es eso: un proceso de autodefensa por todo lo que día a día se nos viene encima. Debemos ser conscientes del autoengaño (o de la posibilidad del autoengaño), por eso no debemos intentar implicar a los demás en la cuestión. Es decir, vivamos felices autoengañándonos, pero no pretendamos convencer a los demás.
20 de Marzo, 2008 - 18:58
Miwok, estoy seguro de que no recuerdas nada de tu primer cumpleaños, pero me creo que seas capaz de “escenificarlo” en tu mente una y otra vez sin problema. Eso no es traicionar a nuestros recuerdos, sino recrear algo que es imposible recordar. A mí me contó mi madre que nací en casa de mi abuela Dolores y, como se les había olvidado llevar la cuna con las prisas, me prepararon una cama en el cesto de la ropa. En ese cesto dormí mi primera siesta. ¿Tú crees que puedo recordarlo, con tan solo un día de edad? Pero te aseguro que he imaginado muchas veces ese instante y tengo la sensación de recordarlo.
Por otro lado, creo que no todo el mundo se queda con la parte bonita de los recuerdos. Hay gente (quizá un poco masoquistas, o dados a la melancolía y la tristeza) que selecciona siempre los recuerdos más negativos, como si de esta manera quisiera amargarse la existencia. Hasta la selección de nuestros recuerdos creo que podría determinar nuestro carácter.
26 de Marzo, 2008 - 8:34
No quiero hablar de los recuerdos, a los que el factor tiempo añade otro filtro más….sino de “realidades” y nada mejor que un poema de mi paisano Campoamor, que no tiene desperdicio, aunque sólo se recuerde de él el último párrafo, que es quizás su sentencia final:
Logré el amor, y conquisté el hastío.
¡Quién de su pecho desterrar pudiera,
la duda, nuestra eterna compañera!.
¿Qué es preciso tener en la existencia?
Fuerza en el alma y paz en la conciencia.
No tengáis duda alguna:
felicidad suprema no hay ninguna.
Aunque tú por modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.
Te pintaré en un cantar
la rueda de la existencia:
Pecar, hacer penitencia
y, luego, vuelta a empezar.
En este mundo traidor,
nada es verdad, ni mentira,
Todo es según el color
del cristal con que se mira.”
28 de Marzo, 2008 - 0:57
Estoy totalmente de acuerdo con la poquísima fiabilidad de los recuerdos. A veces, cuando vivo un hecho importante y para que mis recuerdos sean fiables, trato de captar todas las sensaciones de forma intencionada, sabiendo que habrá un momento en el que intente acordarme de todo aquello . Sin embargo, con esto sólo consigo recordarme a mí haciendo esfuerzos por captar lo interesante y no el hecho en sí.
Sobre el tema de los recuerdos, creo que lo más triste es esar viviendo una época mala y pensar que la rememoraremos con nostalgia, ya que podemos ser conscientes de que la siguiente será aún peor.
28 de Marzo, 2008 - 9:35
Este post me ha hecho reflexionar muchísimo, Alfredo. Un ejercicio cuando menos, saludable :) Cada uno lo aplica a sus propias vivencias, y el hecho de incidir en unas o en otras, limita y hasta modifica el talante,o el carácter como tu bien dices, dependiendo de tantos factores que resulta a veces paradójico que un mismo hecho desarrolle en unas personas afán de superación y en otras, amargura infinita. Que generen ansias de comunicación o un ostracismo total.
Cada una de las respuestas tienen un enfoque, añade un matiz y todas ellas son fruto de experiencias personales y profundas valoraciones sobre nuestros recuerdos y nuestras objetividades.
Un post muy interesante sobre la memoria histórica, colectiva o individual :)
30 de Marzo, 2008 - 20:26
Alfredo:
Es el primer día que entro en este blog y me ha gustado esta entrada.
Este tema da para mucho. A mí me gusta recordar la vida que llevo vivida, tener presente cómo he ido cambiando y cómo el tiempo está empeñado en ser un gran escultor.
Me encanta la fotografía. Cuando contemplo algunas fotos de hace tiempo..me doy cuenta que son mucho más que fotos, suenan, tienen colores y sobre todo cobran vida, despertando todas las sensaciones de entonces.
Lo mejor no es solo recordar, sino sentir cuando te levantas cada día, que ahí empiezas a ser el artífice del día de hoy y….el recuerdo de mañana.
1 de Abril, 2008 - 0:32
Mary Carmen, hay mucha gente que se empeña en repetir que nunca mira hacia atrás. Estoy contigo cuando hablas de mirar hacia el pasado. Creo, además, que es inevitable hacerlo, por mucho que nos empeñemos en ignorarlo. Lo que hemos sido nos hace ser lo que somos. Por supuesto, no se puede vivir anclado en el pasado o con la memoria adormecida por los recuerdos. Y volviendo al tema de mi comentario inicial, siempre debemos hacer un esfuerzo para no manipular los recuerdos, para no adaptarlos a nuestra conveniencia en cada circunstancia. La mente humana siempre buscará excusas para justificar lo que sea, incluso las mayores atrocidades, y no dudará para ello en reinventar hasta la memoria de las cosas y de los sucesos. Tal vez se haga inconscientemente, pero creo que todas las personas intuyen que se están engañando a sí mismas, lo que ocurre es que reconocerlo es mucho más duro que aceptar el engaño.