Expiación

A veces el estreno de una película sirve para poner en primer plano a una novela. y si la novela es magnífica, mucho mejor. “Expiación” se publicó en 2002 en España, y desde ese año no se reeditaba. Por suspuesto, con la película ha salido una nueva edición, que puede encontrase fácilmente. No voy a recomendar a nadie su lectura, pues hace tiempo que dejé de recomendar libros; solo diré que es una gran novela. Y lo que me ha agradado es comprobar que la película está bien y, a pesar de la complejidad, refleja bastante bien el libro. La ambientación es magnífica: tanto la mansión de la familia Tallis, como la playa donde miles de combatientes aguardan ser liberados del infierno de la guerra, como el hospital… Al leer la novela se tiene la sensación de que el autor ha introducido varias novelas en ella, de distinto género, y que las mezcla magistralmente. Y esto, que no es fácil, también lo refleja la película.
Me quedo con dos ideas, de las muchas que podrían sacarse de esta obra: La mirada y la culpa.
La mirada es un elemento básico, es realmente el eje fundamental. La mirada de cada ser humano es distinta y, aunque contemplen la misma cosa, cada uno podrá interpretarla de manera diferente. Esto se complica cuando la mirada es la de una adolescente que sueña con ser escritora y con una mente en plena ebullición, en la que se cuecen sentimientos de todo tipo. A veces, he llegado a pensar que la realidad no existe, que lo único que existe es la mirada de cada uno de nosotros sobre esa realidad.
La culpa y, por consiguiente, la expiación. En este mundo tan sordido e inhumano que nos ha tocado vivir, te llegas a plantear si realmente la culpa, la mala conciencia por algún acto, sigue afectando a la gente. A veces tengo la sensación de que hay personas que cometen verdaderas monstruosidades y duermen a pierna suelta todas las noches de su vida, indiferentes al daño que han causado y al dolor de los demás. Por eso, es reconfortante ver como Briony, la protagonista de la historia, carga con su culpa hasta el final de sus días.



11 de Febrero, 2008 - 9:08
Estoy intentando no ver la película porque quiero leerme primero el libro, lo tenía en uno de los puestos de mi larga lista. Después de esta entrada, tendré que subirlo hacia arriba ;)
12 de Febrero, 2008 - 9:41
Pues yo lo leí hace 2 años, me lo regalaron en inglés, “Atonement” y no me gustó…
Me pareció muy bueno el principio, pero desde la segunda mitad, se me hizo lento, y aun creo que la historia es buena, pero no me gusta la manera de contarla.
No voy a ver la película, pero con tantas opiniones favorables del libro que he leído, tal vez deba darle otra oportunidad, dentro de un tiempo.
12 de Febrero, 2008 - 12:02
Hola:
Estoy totalmente de acuerdo contigo en que resulta “reconfortante” que Briony cargue con su culpa, que se esfuerce por enmendar lo que ya no tiene enmienda. Se agradece un poco de humanidad. Pero yo creo que, en el fondo, cuando nos metemos en la cama, todos sabemos por cuáles de nuestros actos deberíamos hacer penitencia; otro asunto es que tengamos el valor, o la nobleza, o la bondad, qué sé yo, de dejarnos la vida en ello.
Me gusta mucho la mirada que reflejas en tu blog.
Un saludín.
12 de Febrero, 2008 - 21:17
Miwok, no seré yo quien trate de convencerte de que “Expiación” es una buena novela. A mí, en contra de tu opinión, una de las cosas que más me gusta es la manera de contarla. Creo que eso es lo que la hace más original. Es como un juego de miradas. Miradas que lo escrutan todo, que se cruzan, que observan las cosas desde diferentes perspectivas… Puede ser que la novela desconcierte en algún momento, porque hay varias novelas en una, con ambientaciones muy diferentes. Cuando nos acostumbramos a una, se produce el cambio y, de repente, nos vemos metidos en otra.
12 de Febrero, 2008 - 21:23
Pues otro saludín para ti, Leo. No añado más a tu comentario. Estoy de acuerdo con él. Solo decir que en muchas ocasiones deberíamos expiar no algunos errores o equivocaciones, sino nuestra indiferencia y nuestra pasividad ante injusticias que a diario deberían sonrojarnos.