Tener de todo, ¿para qué?
Creo que fue en “Ópera prima” (aunque no estoy seguro), aquella película de comienzos de los años ochenta que descubrió a Fernando Trueba, donde aparecía un personaje que sacaba a pasear en un carrito a su equipo de música de alta fidelidad. Era el momento en que los “equipos de música” estaban sustituyendo a los tocadiscos, y todo el mundo parecía entender mucho de ecualizadores, amplificadores, bafles, vatios… Se veneraba al aparato en sí y llegaba a olvidarse la función que debía desempeñar: escuchar música. Es una estrategia de la sociedad de consumo. Hoy, como todo ha ido a peor en ese sentido, podemos encontrarnos con infinidad de aparatos electrónicos sotisticadísimos; podemos encontrarnos con coches potentes y lujosos, que hasta calientan los asientos para que llevemos el culo aclimatado; podemos encontrarnos con GPS, que nos hablan con voces diferentes y en distintos idiomas; podemos encontrarnos con PlayStation de última generación… La lista sería interminable. Pero tenemos que darnos cuenta de que lo importante no es el reproductor, sino la música; no es el coche, sino viajar; no es el GPS, sino dar rodeos y perderse; no es la PlayStation, sino jugar. La sociedad de consumo acaba convirtiendo los medios en fines. Nos alecciona -término suave- constantemente para que no nos privemos de nada. Hay que poseerlo todo, aunque no sepamos para qué. Hace ya veinticuatro años que publiqué “La ciudad que tenía de todo”, uno de mis primeros libros, en el que ya hablaba de estas cosas. Lo malo es que las cosas van a peor.



10 de Enero, 2008 - 15:23
Me ha encantado tu post. Enhorabuena por el blog. Todos los años me pregunto lo mismo. Ahora me ocurre con MP3, MP4 y los futuros MP, por ejemplo. Miró mis cintas de cassette y mis discos de vinilo y me da un poco de pena porque ya no los puedo poner… Creo me falta el “marrifago dorado”.
13 de Enero, 2008 - 18:08
Sí, Carmen, deberíamos preguntárnoslo incluso todos los días. Lo bueno sería descubrir que nos falta el marrífago dorado, o cualquier otra cosa, y que no pasa absolutamente nada. Si hay algo claro y elemental es que el consumismo no puede formar parte de la esencia del ser humano, y que el afán de poseer nos hará más infelices.
14 de Enero, 2008 - 21:50
¡Qué oportuno nos ha llegado este post tras apearnos de estas vertiginosas fiestas navideñas!Creo que nos ha venido como anillo al dedo para reflexionar si realmente nos ha compensado y compensa complicarnos tanto la vida con ese afán desmedido por tener y tener…
¿Acaso nos ha hecho más felices?Personalmente creo que no.Entonces,¿qué es lo que está fallando?Falla la ILUSIÓN,no le permitimos nacer y crecer en nosotros para conseguir aquello que deseamos;todo llega con extrema facilidad.
¿Resignados a seguir siendo unos inconformistas?…..
17 de Enero, 2008 - 19:18
Y ojalá la lista terminase en poseer sólo lo material. Cada día vivimos en una sociedad con más ínfulas de progresismo y sin embargo sabemos menos de respeto. Y es que, cómo vamos a saber si medimos todo antes por lo que tenemos que por lo que sabemos dar, por lo que tenemos que por lo que somos.
19 de Enero, 2008 - 1:52
Sí, Esaque, parece que la vara de medir de nuestro tiempo es el dinero, y esta puñetera sociedad de consumo, cada día más voraz e insaciable, solo valora a las personas por los números de su cuenta corriente. El dinero es un canto de sirena que atrofia la mente y los sentidos, de lo contrario no se explica que no reaccionemos masivamente. En medio de esta absurda vorágine, ¿dónde quedan los sentimientos más auténticos del ser humano? Ya debe de haber un fármaco que los neutraliza y aniquila, debemos estar tomándolo todos, confiados, pensando que se trata de un jarabe para la tos.