Pipas | Alfredo Gómez Cerdá

Pipas

No eran niños. Tendría unos once, doce, trece años. ¿Cómo considerarlos? ¿Preadolescentes? ¡Qué palabra tan horrible! Yo siempre he revindicado sin éxito zagales. Serían cuatro o cinco, que ni siquiera me fijé en este detalle. Estaban sentados en el escalón de un portal y, los que no cabían, directamente en la acera.

Puentes | Alfredo Gómez Cerdá

Puentes

Siempre me han gustado los puentes. Cuando era niño me encantaba cruzar el puente de Toledo –por cierto, el más bonito de Madrid–, porque era el límite de mi barrio, Carabanchel, y siempre resulta apasionante traspasar los límites de algo. Además, este puente era la unión con el auténtico Madrid. Por allí pasaba…