Gracias, Teo

El ser humano adulto -quizá la madre- se tapa el rostro con la mano. Ya no soporta seguir mirando. El niño que está a su lado, sin embargo, mantiene la mirada fija; parece petrificado, como si el horror que está contemplando no le permitiera reaccionar. Es demasiado tarde para cualquier reacción.

Bragas y libros | Alfredo Gómez Cerdá

Ofertas de enero

Utilizo una fotografía que me ha llegado a través de un correo electrónico, lo que significa que es muy probable que la conozca ya muchísima gente. No obstante, observándola, me ha apetecido escribir un pequeño comentario. Ayer, domingo, estuve por la mañana en la cuesta de Moyano. Para los…